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24/4/09

Soliloquio sobre un Aforismo

Aforismo de Arthur Schnitzler

"No es el exceso de confianza, sino la escasez de fantasía, lo que hace tan difícil que el varón crea en la infidelidad del ser amado"


El pensamiento sería el correcto para un hombre del siglo XIX, pero después de leerlo y en los tiempos en que vivimos, la pregunta sería: ¿Será así, todavía? ¿Estamos los hombres tan faltos de fantasía (aquí, traducida como imaginación), que podemos creer en tal aseveración? Si me miro en el espejo, debo pensar que no. Aún sabiendo, que Uno tiene una visión distorsionada de sí mismo. Pero si miro en mi derredor, parece que nada ha cambiado. Hay hombres que se quedaron en el siglo pasado, otros siguen en el Medioevo y otros vaya uno a saber, si no son paleolíticos.

La pregunta, en cuestión, sería: ¿los hombres no sabemos, no podemos, no queremos, pensar a las mujeres como iguales? ¿Tanto nos cuesta verlas en un plano de igualdad? Así debe ser; si Uno se detiene a escuchar lo que dicen ellas, en referencia a nosotros.

Cualquier varón diría, "son puras quejicosas, no más", "viven demandando atención", y así una retahíla de obviedades. Pero si una persona nos está haciendo saber que se encuentra incomoda - por decirlo, de alguna manera -. ¿No deberíamos prestar atención al hecho?


Continuando con el aforismo, se pude inferir que el exceso de fantasía en un varón deviene en la existencia de un potencial Otelo. Seguro que me indicarían que lo que padecía Otelo, era un complejo de inferioridad, es válido; pero también poseía una imaginación frondosa.

Ahora bien, las mujeres, ¿ poseen abundancia de fantasía y es por ello que nos marcan de cerca; pensando en nosotros como infieles, netos? O tal vez como Cordwainer Smith describe, en la historia* de Dolores Oh y Magno Taliano, en uno de sus párrafos:

"Dita había estudiado la obra de los capitanes de viaje y sabía muy bien que si se dañaba el paleocórtex, la personalidad conservaba la cordura intelectual pero se volvía emocionalmente loca. Desaparecida la parte más antigua del cerebro, se desactivaban los controles fundamentales de la hostilidad, el hambre y el sexo. Los animales más feroces y los hombres más brillantes quedaban reducidos a un mismo nivel de afabilidad pueril en que la lascivia, el juego y un hambre implacable se trasformaban en la eternidad de sus días."

Esto serán los hombres, para ellas. Instintos básicos y poco intelecto. Poco trabajo del lado izquierdo del cerebro y mucho del derecho.

Lo que se puede asegurar es que nos estamos quedando atrás, como género, y las mujeres van por delante mejor adaptadas a los nuevos tiempos.

Todo esto por leer un simple aforismo de Schnitzler. Será mejor que deje de pensar en ello, o mi cerebro terminará abrasado como el de Magno Taliano.


Claves: * Los Señores de la Instrumentalidad, Tomo I, El abrasamiento del cerebro, página 233, Cordwainer Smith, Ediciones B. 1991