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29/9/10

John Le Carré y pensamientos que se agolpan

Leyendo un reportaje en el diario El País a John Le Carré, en una de las tantas preguntas que se le efectúan él rememora una cita: "la hipocresía es el peaje que el vicio le paga a la virtud", adjudicándosela a  La Rochefoucauld. Una expresión parecida - siendo universitario- la había leído concedida  a J.Paul Sartre, "la hipocresía, ese homenaje del vicio a la virtud". No puedo dejar de pensar en nuestro país y ver cuantos peajes, o cuantos homenajes se rinden. Estamos gobernados por hipócritas e hipócrita es la sociedad en su mayoría; mientras que el statu quo de cada individuo - o clase social - no se altere, todo "está bien".

Sigo leyendo, y cito:
"En nombre del patriotismo puedes conseguir mucho si eres político. No digamos ya del miedo al caos. El truco para gobernar un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión del las torres gemelas o la amenaza chechena. Inventamos a los enemigos que necesitamos".

Me pregunto, ¿por casa còmo andamos? A cada rato, ya sea gobernantes nacionales, provinciales, municipales, políticos en general, gremialistas, o empresarios, utilizan las mismas premisas. La victimización, o crear algún enemigo para desviar la atención de sus desaguisados, malas artes o incompetencia; ni qué decir sobre la obtención de dádivas, favores, o enriquecimientos sorpresivos. 

Retomo el reportaje. Hablando de lo que significó Stanlin: "Cuando fui a Alemania por primera vez a finales de los cuarenta aun olía a muerte. No entendía cómo habían sido capaces. Luego, ya de mayor, me di cuenta de cada país tiene su barbarie. Y que la barbarie no es un atributo solo de los hombres poderosos. Es consecuencia de la mediocridad. Gente normal haciendo cosas horribles".

Y aquí estamos, con mediocres gobernando, legislando e impartiendo justicia. Con una educación mediocre y todo aquello que trae aparejado. ¿Acaso estaremos incubando esa barbarie, que el día menos pensado nos lleve a nuestra aniquilación como sociedad? Y tal vez, no nos reconoceremos como pares.

Sólo por leer un reportaje me encontré envuelto en un cúmulo de pensamientos. La mente tiene un capacidad extraordinaria para hacer asociaciones diversas...


Nota:
Una pequeña referencia a John Le Carré y su obra. 
Lo primero que leí fue El Topo, con su personaje principal George Smiley. Terminó siendo luego una trilogía con: El honorable colegial y La gente de Smiley. Y todas devinieron en películas para televisión realizadas por la BBC, El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy) y La gente de Smiley (Smiley's People), con el genial Sir Alec Guinness en el papel de Smiley.
Otra novela que leí,  El espía que surgió del frío, sucedió que años después me encontré en  un canal de cable con la película homónima, en blanco y negro y con un Richard Burton joven (1965).
Otras novelas llevadas al cine fueron: La casa Rusia, con Sean Connery y Michelle Pfeiffer. El jardinero fiel, con Ralph Fiennes y Rachel Weisz.


7/6/10

Palabras


Para el ciervo "León" significa muerte. Para el piojo, comida

Esto nos está diciendo que las palabras no siempre representan lo mismo para todos. Por lo cual, lo importante no es lo que dicen las palabras, sino lo que subyace detrás de las mismas. 
En estos tiempos en que las palabras están como devaluadas, las ideas que se expresan terminan siendo algo diferente. La representación de cosas totalmente dispares. 
Si a eso le sumamos fuertes niveles emocionales. El concepto emitido  será uno, el envío - representación mediante palabras - será otro y la interpretación por el escucha será algo todavía más diferente.
Habremos de ser conscientes de que la comunicación entre los personas es constante, continua, y que será mucho más enriquecedora cuando se aprende a estar alerta; cuando nos demos cuenta de lo que realmente nos están diciendo cuando nos hablan, y cuando no nos hablan. 
Llegado el caso, con silencios, con gestos, con miradas, con toques afectuosos podemos trasmitir aquello que no logramos con las palabras. 
En lo personal extraño mis silencios; aquellas épocas en que estando en buena compañia no había necesidad de llenar el aire con palabras.

Del Budismo Zen:
"No hacer hincapié en lo que hablamos, sino en el estado interior de conciencia con que nos sentimos mientras lo hacemos.
Esto hará que nuestras palabras tengan fuerza, que nuestra expresión adquiera vigor. 
No depende de gritar mucho, ni siquiera de decir cosa importantes. 
La influencia personal, la potencia del impacto de unas palabras, nace de la disposición interior  del fondo interno desde el que se proyectan y que está presente en ellas.
Si detrás de lo que se dice está toda la persona, con todas sus fuerzas y su presencia total, lo dicho se incrusta en lo más hondo del interlocutor."

Es por ello que por momentos, no importa lo que se dice sino cómo se dice, aquello que existe detrás de las palabras. 
Siempre he tratado de valorizar a las palabras, trato de no usarlas vanamente o quitándoles su valor cómo tales. Aunque a veces juego con ellas y entiendo que el lenguaje (la lengua) está en movimiento - va cambiando, según uso -.
Últimamente lo que no manejo bien es cómo las digo; a veces van con una carga de irritación, con lo cual terminan invalidadas y en otras oportunidades con una carga de indiferencia tal que les merma su efectividad.
Lo que he podido observar es que hay un cierto embotamiento y empobrecimiento en el manejo del lenguaje, y todo ello nos está llevando a una NO-comunicación entre humanos (tal vez sea una idea peregrina).
Aún así, creo en las palabras para comunicar alguna que otra idea, aunque ame los silencios. ¿Paradojico de mi parte? Tal vez. Mis mayores siempre me han dicho que los silencios "hablan"...


Clave: La ceremonia del té y la calidad de vida, Carlos Farré, Emecé Editores, 2000.





15/12/09

Es más de lo que puedo decir de cierta gente

Pasando por la biblioteca y viendo el libro, releí uno que otro cuento de Lorrie Moore. Mucho sobre ella no puedo decir. Me gusta. Algunos la han nombrado como la heredera de Raymond Carver - me parece excesivo -. Las mujeres protagonistas de sus cuentos son fuertes, armadas con su inteligencia, y un humor oscuro; luchando con la desesperación de lo cotidiano en sus vidas. Disfruté mucho Hospital de Ranas. He aquí un par de cuentos de Es más de lo que puedo decir de cierta gente (Emecé Editores, 1999).

......
-Un brindis. Ha llegado el momento de hacer un brindis.
-¿Te parece?
-Sí. -Nadie había brindado por Abby y Bob en su pequeña boda, y eso estaba mal, pensaba Abby ahora. Treinta invitados que después de comer los canapés de jamón se fueron a su casa. ¿Cómo podía salir bien un matrimonio, de esa manera? No porque esas ceremonias fueran importantes en sí mismas. No eran nada. Eran cero. Pero eran ceros que ocupaban lugares, que contenían números y ecuaciones intactas. Y si se realizaban era posible seguir adelante, conocer el poder vacío de las bendiciones, y no pasarse la vida lamentando no haberlas recibido.
De allí en adelante Abby creería en los brindis. En ese momento componía uno en su cabeza, en una especie de vacilante filatelia. Miró a su madre y respiró hondo. Quizás su madre nunca le había demostrado afecto, realmente no, pero le había enseñado a estar sola, con sus terribles sacudidas al tratar de salir afuera,y el suave deslizamiento de regreso a la paz. Abby brindaría por eso. La verdadera madre brutal de cada uno era el mundo, que nutría y abandonaba; la propia madre era más bien hermana de uno en ese mundo. Abby levantó la copa.
-Que lo peor esté siempre a tu espalda. Que el sol de cada día caliente tus brazos... -Miró la servilleta del cóctel como buscando ayuda, pero sólo vio en ella el dibujo de una fornida muchacha irlandesa, con dos tréboles sobre los pechos. Alzó nuevamente la mirada. "¡La palabra de Dios es rápida!" -que tu auto siempre arranque... -Pero tal vez Dios también podía comenzar con elevadas y lentas palabras; el golpe bajo, la historia sencilla. -... y que siempre tengas una camisa limpia -continuó con tono frívolo, público, audible -, ...y un techo sobre tu cabeza, hijos sanos y buenos repollos... y puedas estar conmigo en mi corazón mamá, como estás ahora, en este lugar; por siempre y siempre... como una luz encendida.
Hubo ruidos en el pub.
La confusión es a la infancia como un viaje es a los labios.
-Sí -dijo la señora Mallon, mirando su cerveza con concentración, los ojos brillantes. Nunca le habían dicho algo más hermoso antes, y ahora se sonrojó, sus orejas eran un fuego. Levantó su vaso y bebió.
(extracto del cuento Es más de lo que puedo decir de cierta gente)


....... Olena llevaba el pelo largo, despeinado, descuidadamente recogido en la nuca con una hebilla. Cuando fue hacia Nick para saludarlo, y él miró hacia otro lado sin dar señales de reconocerla y luego centró otra vez su atención en la melena pelirroja, Olena bajó la mano que había levantado hacia la hebilla y se arregló el pelo. Nunca encajaría bien en ese ambiente, pensó. Entre estos tipos vivaces, activistas. Prefería a los poéticos empleados de una biblioteca. Eran delicados y adecuados a su ámbito, intelectuales, con problemas físicos. se reunían alrededor de una mesa para trabajar, analizando a Ton Swifties:
-Tengo que ir a la ferretería -dijo penosamente.
-¿Quieres un helado? -preguntó alegremente.

Pasaban los fines de semana en la Clínica Mayo. "Es un parque de diversiones para hipocondríacos", dijo Sarah, especialista en catálogos. "Una mezcla de Lourdes y El nuevo precio es correcto", dijo otro llamado George. Esta era la gente que le gustaba: personas con quienes no se puede vivir.
Se volvió para ir al toilette y chocó con Ken. Él la saludó con un abrazo y le susurró al oído:
-Tu vives con Nick. Ayúdanos a pensar en un tema. Necesito otro tema.
-Te compraré uno en el kiosco de temas -respondió ella, ......
(extracto del cuento Vida comunitaria)