Y sí, a veces se tiene la idea (peregrina, acaso) que Uno va por la vida con una nube propia. Aunque más que una correa, con un grillete adherido a una pierna, sería la sensación. Es lo que hay, dirían algunos y solamente queda esperar a que escampe. Y, tal vez, salga el sol; o no. Basta conque no llueva más sobre Uno.
PS: Gracias a Erlich, por su viñeta. Casi, casi, parece personal (o eso, quiero creer)
Leyendo un reportaje en el diario El País a John Le Carré, en una de las tantas preguntas que se le efectúan él rememora una cita: "la hipocresía es el peaje que el vicio le paga a la virtud", adjudicándosela a La Rochefoucauld. Una expresión parecida - siendo universitario- la había leído concedida a J.Paul Sartre, "la hipocresía, ese homenaje del vicio a la virtud". No puedo dejar de pensar en nuestro país y ver cuantos peajes, o cuantos homenajes se rinden. Estamos gobernados por hipócritas e hipócrita es la sociedad en su mayoría; mientras que el statu quo de cada individuo - o clase social - no se altere, todo "está bien".
Sigo leyendo, y cito:
"En nombre del patriotismo puedes conseguir mucho si eres político. No digamos ya del miedo al caos. El truco para gobernar un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión del las torres gemelas o la amenaza chechena. Inventamos a los enemigos que necesitamos".
Me pregunto, ¿por casa còmo andamos? A cada rato, ya sea gobernantes nacionales, provinciales, municipales, políticos en general, gremialistas, o empresarios, utilizan las mismas premisas. La victimización, o crear algún enemigo para desviar la atención de sus desaguisados, malas artes o incompetencia; ni qué decir sobre la obtención de dádivas, favores, o enriquecimientos sorpresivos.
Retomo el reportaje. Hablando de lo que significó Stanlin: "Cuando fui a Alemania por primera vez a finales de los cuarenta aun olía a muerte. No entendía cómo habían sido capaces. Luego, ya de mayor, me di cuenta de cada país tiene su barbarie. Y que la barbarie no es un atributo solo de los hombres poderosos. Es consecuencia de la mediocridad. Gente normal haciendo cosas horribles".
Y aquí estamos, con mediocres gobernando, legislando e impartiendo justicia. Con una educación mediocre y todo aquello que trae aparejado. ¿Acaso estaremos incubando esa barbarie, que el día menos pensado nos lleve a nuestra aniquilación como sociedad? Y tal vez, no nos reconoceremos como pares.
Sólo por leer un reportaje me encontré envuelto en un cúmulo de pensamientos. La mente tiene un capacidad extraordinaria para hacer asociaciones diversas...
Nota:
Una pequeña referencia a John Le Carré y su obra.
Lo primero que leí fue El Topo, con su personaje principal George Smiley. Terminó siendo luego una trilogía con: El honorable colegialyLa gente de Smiley. Y todas devinieron en películas para televisión realizadas por la BBC, El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy) y La gente de Smiley (Smiley's People), con el genial Sir Alec Guinness en el papel de Smiley.
Otra novela que leí, El espía que surgió del frío, sucedió que años después me encontré en un canal de cable con la película homónima, en blanco y negro y con un Richard Burton joven (1965).
Otras novelas llevadas al cine fueron: La casa Rusia, con Sean Connery y Michelle Pfeiffer. El jardinero fiel, con Ralph Fiennes y Rachel Weisz.
No es que no tenga nada que decir, pero voy pasando de un estado de melancolía, a una cierta desazón, una posterior apatía y luego un cansancio por lo que me rodea: mi trabajo, los políticos y la política, el comportamiento humano en general.
Tal vez debería poner en el blog un, "Cerrado por melancolía", como unos de los cuentos de Isidoro Blaisten; aquí un fragmento:
"Las ideas las tenía yo, ella las ponía en práctica. En general a mí las ideas se me ocurrían cuando espantaba recuerdos o cuando sentado a mi escritorio de ideas jugueteaba con la réplica del puñal de Sandokán, o miraba arder el fuego de la salamandra o miraba el cielo a través de la ventana. Yo hubiera querido, y se lo dije a ella muchas veces, que todas las ideas hubieran sido sometidas a un control estricto de calidad. Yo quería tirar las ideas sobre el escritorio de ideas, atacarlas por los cuatro costados, ver hasta dónde resistían, hasta dónde eran viables y después hasta dónde eran redituables. Pero ella las ponía en práctica enseguida. Así era ella"
A mi las ideas me embisten, muchas veces cuando menos las espero; aún si estoy descansando, me despiertan acuciantes,... malditas!!
Para colmo de males siempre hago asociación de ideas con algo que leo o con la música que oigo, y entonces atacan los recuerdos de vivencias o de aquello que no fue - sabiendo a ciencia cierta que no ocurrirá - y todo esto lleva a qué es en verdad lo que quiero, o me sale, escribir. Y entonces creo que en nada; mas es un nada extraño, pues detrás hay pensamientos disonantes, alocados, extremosos, oscuros y también algunos tontos, sin sustancia, que me dejan insatisfecho de sólo pensarlos. Cómo se ve nada para decir o escribir, sólo palabras gastadas y vanas...
No terminaré como Felipe, dándole la espalda a la realidad, siendo que la misma no se puede cambiar y se acepta tal cual acontece: dura, triste, por momentos insufrible; es lo que hay...
Para el ciervo "León" significa muerte. Para el piojo, comida
Esto nos está diciendo que las palabras no siempre representan lo mismo para todos. Por lo cual, lo importante no es lo que dicen las palabras, sino lo que subyace detrás de las mismas. En estos tiempos en que las palabras están como devaluadas, las ideas que se expresan terminan siendo algo diferente. La representación de cosas totalmente dispares. Si a eso le sumamos fuertes niveles emocionales. El concepto emitido será uno, el envío - representación mediante palabras - será otro y la interpretación por el escucha será algo todavía más diferente. Habremos de ser conscientes de que la comunicación entre los personas es constante, continua, y que será mucho más enriquecedora cuando se aprende a estar alerta; cuando nos demos cuenta de lo que realmente nos están diciendo cuando nos hablan, y cuando no nos hablan. Llegado el caso, con silencios, con gestos, con miradas, con toques afectuosos podemos trasmitir aquello que no logramos con las palabras. En lo personal extraño mis silencios; aquellas épocas en que estando en buena compañia no había necesidad de llenar el aire con palabras.
Del Budismo Zen:
"No hacer hincapié en lo que hablamos, sino en el estado interior de conciencia con que nos sentimos mientras lo hacemos. Esto hará que nuestras palabras tengan fuerza, que nuestra expresión adquiera vigor. No depende de gritar mucho, ni siquiera de decir cosa importantes. La influencia personal, la potencia del impacto de unas palabras, nace de la disposición interior del fondo interno desde el que se proyectan y que está presente en ellas. Si detrás de lo que se dice está toda la persona, con todas sus fuerzas y su presencia total, lo dicho se incrusta en lo más hondo del interlocutor."
Es por ello que por momentos, no importa lo que se dice sino cómo se dice, aquello que existe detrás de las palabras. Siempre he tratado de valorizar a las palabras, trato de no usarlas vanamente o quitándoles su valor cómo tales. Aunque a veces juego con ellas y entiendo que el lenguaje (la lengua) está en movimiento - va cambiando, según uso -. Últimamente lo que no manejo bien es cómo las digo; a veces van con una carga de irritación, con lo cual terminan invalidadas y en otras oportunidades con una carga de indiferencia tal que les merma su efectividad. Lo que he podido observar es que hay un cierto embotamiento y empobrecimiento en el manejo del lenguaje, y todo ello nos está llevando a una NO-comunicación entre humanos (tal vez sea una idea peregrina). Aún así, creo en las palabras para comunicar alguna que otra idea, aunque ame los silencios. ¿Paradojico de mi parte? Tal vez. Mis mayores siempre me han dicho que los silencios "hablan"...
Clave: La ceremonia del té y la calidad de vida, Carlos Farré, Emecé Editores, 2000.
No es el mejor pensamiento, pero cuando veo a un individuo conduciendo un auto con el brazo colgando de la ventanilla, cual peso muerto, tengo un pensamiento furioso. No es que esté sacando el brazo apoyando el codo, que ya de por sí es una forma inadecuada de conducir, sino que el brazo, cuan largo es, desde la axila va por fuera del auto. En esos momentos tengo un deseo irrefrenable de poseer un machete y cortarle el brazo.
Otro. Aquellos Padres que van con sus pequeños hijos en la falda mientras conducen. Les daría tantos puntapiés en el trasero que terminarían con las nalgas como hombreras.
No haré incapié en ciclistas que van de contramano por avenidas, ni en motociclistas que no respetan ninguna norma de transito, ni de aquellos transeúntes que cruzan la calle con luz roja para ellos y en simultáneo van hablando por teléfono celular. ¿Por qué será que el comportamiento de ciertos individuos trae aparejado pensamientos malsanos de mi parte? ¿Será que una falta en otro me hace observar mi conducta con más claridad? Reacciono ante las mías y eso me termina incomodando.
Tal vez aquello de: Sí algo de lo que haces me irrita quiere decir que tu falta también es la mía. Será así, nomás. Quizás sea otra cosa. Un fastidio ante lo que considero una estupidez - lisa y llana - (en su estado prístino) cuya consecuencia culminaría en un accidente o algo peor.
Hay días en que mis pensamientos me inquietan. Pero esa incomodidad - por así decirlo - no es rechazo, pues sería condenarme. Siempre pienso que no soy responsable de mis pensamientos (llegado el caso, sentimientos) sino de lo que hago con ellos. Sería absurdo enojarme por tener dichos pensamientos. Sigo cavilando. Mi mente piensa respondiendo a una motivación, originada en el ambiente natural o en el social, o en mí mismo, y va desmenuzando esos pensamientos aleatorios, tranformándolos en analíticos.
La palabra que me viene a la mente es anomía. Parecería ser que la conducta de parte de nuestra sociedad se rige por ella.
Será mejor que deje de escribir, pues comienzo haciéndolo sobre unos pensamientos y terminaré escribiendo sobre las dificultades en la vida amorosa del cangrejo ermitaño ... Y ya que estoy resulta que ....
NOTA: Sobre el porqué del término anomía: Carlos Nino, en Un país al margen de la ley, señala sobre la base de la sociedad argentina una larga serie de conductas observables que configuran un conjunto social anómico: la forma en que se transita por los espacios públicos, cómo estos son cuidados, la naturalidad con que se evaden las responsabilidades cívicas (pago de impuestos, por ejemplo), la forma en que se contamina el ambiente, la extensión de la corrupción etc, testimonios todos de una sociedad abrazada a la ilegalidad entendida como falta de respeto a las normas; según Nino, el factor anómico opera por sí mismo en la generación de niveles bajos de eficiencia y productividad, y distingue tres tipos de ilegalidad diferentes:
La mera desviación individual que ocurre cuando los individuos encuentran conveniente (para sus intereses) dejar de observar la ley (dado el probable comportamiento de otros).
La que se presenta cuando ocurre un conflicto social que lleva a un sector a desconocer la legitimidad de la autoridad que dicta las normas en cuestión.
La que llama anomia boba, que implica situaciones sociales en las que todos resultan perjudicados.
"Sin embargo, el amor es un delito. ¿Entiendes esto?
(Kokoro, Natsume Soseki, Edit. Gredos)
Comprendo que no sea así, ¿pero, si lo fuera? ¿Y si realmente fuera un delito amar? No estoy pensando en un amor interétnico, como hubiera ocurrido en Sudáfrica durante el apartheid. O en USA, hasta mediados de los '60. O como ocurre entre las diferentes castas en la India.
Estaba pensando (o jugando con la idea) en una relación estándard. Si en verdad estaríamos cometiendo un delito, amando a otro ser. Estoy excluyendo el amor que sentimos hacia nuestras relaciones consanguíneas. Sólo entre adultos.
¿Delito? Porque nos querríamos apoderar del alma, del yo interno, de esa otra persona. Tal vez porque se desearía poseer "algo", que en verdad no se sabe que es. Aquí habría que recordar a San Agustín," uno debe ser capaz de descifrar la diferencia entre el amor y el deseo sexual". Desearía dejar de lado la perspectiva psicológica; pudiendo recordar a Erich Fromm, para quién el amor era un arte y, como tal, una acción voluntaria que se emprende y aprende. No una pasión que se imponga contra la voluntad de aquel que lo viva. Delito, pues ese amor nos quitaría energía para otras cosas (en el budismo, Kāma es amor sensual, sexual. Es un obstáculo en el camino hacia la iluminación, pues constituye egoísmo). O al amar a una persona, estaríamos discriminando, "amo a ésta, pero no a aquella".
Además para que hubiera delito, debería haber reglas que así lo marquen. Y, a veces, las únicas reglas están impuestas por nosotros mismos y no por el entorno.
También, para que hubiera delito, en este caso se necesitará un "cómplice".
Lo único que se puede aseverar - sin absoluta certeza - es que toda persona puede llegar a cometer un delito al no amar (en este momento acaban de colapsar mis neuronas, perdón). Esto ya lo han marcado otros, con mejores palabras que las mías.
Nota: (extracto de la introducción realizada por Carlos Rubio) Es en la vida del escritor japonés Natsume Soseki (1867-1916), donde se inserta el reinado del emperador Meiji, el período por excelencia de reformas, de la gran segunda transformación en la historia del pueblo japonés. "Ética oriental y técnica occidental" (toyo no dotoku, seiyo no gakugei) era una de las consignas que circulaban en el Japón de mitad del siglo XIX. La literatura del período Meiji, es testimonio de lo entrañablemente caro que sería el precio por prescindir de lo tradicional y asiático y perseguir lo moderno y lo occidental. Se sacrificaba una parte de la identidad cultural.
Natsume Soseki, poeta, ensayista y autor de novelas, es el autor moderno, y a la vez clásico por excelencia, de Japón. Su maestría en el dominio de los más diversos estilos, tanto en prosa como en poesía, le elevan por encima de escuelas, círculos y tendencias. Hablando de su obra, es un tópico mencionar eclecticismo y fusión entre el lirismo descriptivo de hondas raíces japonesas y la capacidad analítica y psicológica de la novela europea de fines del siglo XIX.
Luego de leer esta nota enEl País, comencé a pensar que ocurriría por estas latitudes. El primer pensamiento sería que en las universidades públicas, tal vez no suceda; pero en algunas universidades privadas pudiera ser que a la posible "infractora" le hagan una llamada de atención (todo puede ocurrir). Lo que si no puedo pensar (aceptar) es que por aquí, una estudiante reciba rechiflas, insultos y hasta agresiones por su forma de ir vestida. Tal vez estoy siendo ingenuo en pensar que, como grupo humano, podemos llegar a comportarnos en forma diferente a esos estudiantes brasileños. Se podría enumerar, como resalta la nota en Univisión , que es un bolsón conservador; pero brutos y retrogradas, hay en todas partes. Siempre hay excusas para demostrar un comportamiento vejatorio y poner como pretexto, " estaba vestida indecentemente". Quiero pensar que en nuestras universidades, no, eso no. Pero tal vez peque de ingenuo y llegado el caso, sea más de lo mismo...
“La mente hace su propio lugar, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, y un infierno del cielo.”
(John Milton)
Al leer la frase no puedo dejar de pensar que todo está en que Uno controle sus pensamientos; pero en la realidad sabemos que no es así. Quizás no debería sacar la frase de su contexto; pero la obra de John Milton me es desconocida y sólo sé de él por William Blake, a quién si conozco. Dijo sobre Milton: "si escribió con trabas sobre Dios y los ángeles y con libertad absoluta sobre Satán, es porque fue un verdadero poeta y, aunque no se diese cuenta, partidario del diablo". Algún día deberé escribir sobre W. Blake, como lo conocí, y como me molestó que estuviera de moda luego de la novela Dragón Rojo (Thomas Harris). Volviendo a la frase, luego de leerla he sentido que daba vueltas y vueltas en la cabeza, quedándose atrapada en alguna circunvalación del cerebro. Retumbando y machacando sobre mi psiquis. Uno puede controlar sus pensamientos, pero no todo el tiempo, siempre habrá un momento de debilidad - flaqueza, debacle - y luego deberá pagar las consecuencias. ¿Soy yo ... o la frase "golpea", y muy fuerte?
Aristóteles en Etica nicomaquea, nos dice: "Nos volvemos valientes al realizar actos de valentía". Las disposiciones del carácter se fijan gradualmente por medio de la práctica. Es por eso, "al habituarnos a afrontar cosas terribles y al resistir contra ella nos volvemos valientes, y cuando más valientes somos, más capacidad de resistencia posemos". No obstante, la resistencia contra las cosas amenazadoras no se debe confundir con la temeridad. El miedo ante el peligro es una emoción totalmente justificable. En un pasaje de Moby Dick, Starbuck, interpela a la tripulación: -"No quiero en mi barco ningún hombre sin miedo a la ballena - . Para él, el hombre extremadamente temerario era un compañero peligroso." Con lo cual se está insinuando que el coraje más confiable y útil es el que surge de una justa estimación del peligro, y también - siendo reiterativo - que un temerario es un camarada mucho más peligroso que un cobarde. La persona valiente no es aquella que nunca tiene miedo. Esto se aplica más bien a la persona precipitada o inconsciente. Según Aristóteles, el coraje es un disposición a sentir grados pertinentes de temor y confianza en situaciones desafiantes - lo "pertinente" varía muchísimo con las circunstancias -. También es una disposición a defender nuestro terreno, a avanzar o retroceder según los dictados de la prudencia. Para cimentar dicha disposición, es preciso adquirirla, y eso significa práctica; lo cual nos lleva a enfrentar temores y actuar de cierta manera antes de contar con la disposición para ello: actuar con valentía cuando no nos sentimos valientes.
Notas al margen: - La marca del coraje moral radica en ver lo que es correcto y hacerlo con firme resolución, a pesar de la opinión de la mayoría. - Existe un coraje falso, que puede nacer de la vanidad. Hay ciertos peligros que conviene temer y no debemos afrontarlos sin tener clara conciencia de ellos. - El auténtico coraje se combina con la circunspección, ese saludable escepticismo que pregunta si este modo de hacer las cosas es el mejor. La auténtica cobardía está signada por el escepticismo crónico, que siempre dice que "no es posible" hacer nada. - La vida exige cierto valor (denuedo, intrepidez) cotidiano. Puede ser menos espectacular que la valentía que requieren los momentos de excepcional peligro, pero ella determina qué clase personas somos (estudiantes, cónyuges, padres, trabajadores, ciudadanos).
Horacio en el puente - versión de James Baldwin
Una vez hubo una guerra entre el pueblo romano y los etruscos que vivían en las ciudades de la otra margen del río Tíber. Porsena, rey de los etruscos, reunió un gran ejercito y marcho hacia Roma. La ciudad nunca había corrido tanto peligro. Los romanos no tenían muchos guerreros en esos tiempos, y sabían que no tenían fuerzas suficientes para enfrentar a los etruscos en campo abierto, así que se refugiaron dentro de sus murallas y apostaron guardias para vigilar las carreteras. - ¿Qué haremos -dijeron los canosos legisladores de Roma-. Si ganan el puente no podremos impedir que crucen, y entonces no quedará esperanza para la ciudad. Entre los guardias del puente había un valiente llamado Horacio. estaba en la otra margen del río, y cuando vio que se aproximaban los etruscos, avisó a los romanos que estaban a sus espaldas.
Habló pues el bravo Horacio,
capitán de la puerta: "A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte. ¿Y qué mejor muerte puede haber que enfrentar una suerte adversa por las cenizas de sus padres y el templo de sus dioses?"
- Derribad el puente a toda prisa -exclamó-. Yo, con los dos hombres que me acompañan, mantendré a raya al enemigo. Entonces, empuñando sus escudos y sus largas lanzas, los tres valientes se plantaron en la carretera y contuvieron a los jinetes que Porsena había enviado a tomar el puente. En el puente los romanos hachaban las vigas y postes. Las hachas cantaban, las astillas volaban y de pronto el puente tembló y crujió. - ¡Regresad! ¡Regresad y salvad la vida! - gritaron a Horacio y sus dos acompañantes. Pero entonces los jinetes de Porsena atacaron de nuevo. - ¡Corred! - dijo Horacio a sus amigos-. Yo guardaré la carretera. Dieron media vuelta y corrieron por el puente. Apenas había llegado al otro lado cuando con gran estrépito de vigas y maderos. El puente se ladeó y cayó en el agua con gran chapoteo. Cuando Horacio oyó el sonido, supo que la ciudad estaba a salvo. Con el rostro hacia los hombres de Porsena, retrocedió despacio hasta llegar a la orilla del río. Un dardo etrusco le arrancó el ojo izquierdo, pero no titubeó. Arrojó la lanza al jinete más próximo y se volvió deprisa. Vio el blanco porche de su hogar entre los árboles de las otra margen del río.
Y le habló al noble río que lame los muros de Roma: "¡Oh Tíber! ¡Padre Tíber, a quien rezan los romanos! Un romano hoy te encomienda sus armas y su vida."
Saltó al profundo y caudaloso río. Aún llevaba puesta su pesada coraza, y cuando se hundió, nadie pensó que lo vería de nuevo. Pero era un hombre fuerte y el mejor nadador de Roma. Pronto emergió en medio del río, a salvo de las lanzas y las flechas que le arrojaban los soldados de Porsena. Llegó a la otra orilla, donde sus amigos aguardaban para ayudarle. gritos de admiración lo saludaron cuando trepó a la orilla. y los hombres de Porsena también gritaron, pues nunca habían visto un hombre tan valiente y fuerte como Horacio. Les había impedido entrar en Roma, pero había realizado una hazaña que merecía sus alabanzas. En cuanto a los romanos, agradecieron a Horacio que hubiera salvado la ciudad. lo llamaron Horacio Cocles, que significaba "Horacio, el Tuerto", porque había perdido un ojo al defender el puente y erigieron una hermosa estatua de bronce en su honor, y le dieron tantas tierras como pudiera arar en un día. Y durante siglos...
Con sollozos y con risas aún se contaba la historia: Horacio defendió el puente en los fieros días de antaño.
Nota : tengo por esta historia una especial debilidad y predilección. Al igual que con la historia-leyenda, de los Horacios y Curiaceos. Sepan disculparme.
Discurso de Enrique en Agincourt - William Shakespeare (escena tomada de Enrique V)
Westmoreland : ¡Ah si tuviéramos ahora aquí sólo una diezmilésima de los hombres de Inglaterra que hoy no hacen nada! Enrique: ¿Quién es el que eso desea? Mi primo Westmoreland. No mi buen primo: si estamos señalados para morir, somos bastantes para ser una pérdida de nuestro país: si para vivir, cuanto menos hombres, mayor porción de honor. Por Dios, te ruego que no desee un hombre más. Por Júpiter, no soy codicioso de oro, ni me importa a quién alimento a mi costa: no me importa que otros lleven mi ropas: tales cosas cosas exteriores no entran en mis deseos. Pero si es pecado codiciar honor, soy el alma más pecadora de este mundo. A fe, no, primo, no desees ningún hombre más de Inglaterra. Por la paz de Dios, no querría perder tan gran honor como me parece que me quitaría un solo hombre más, ni a cambio de la mejor esperanza que tengo. Ah, no desees uno más: más bien proclama, Westmoreland, por todas mis huestes, que a quien no tenga ánimos para esta lucha, se le deje marchar, se le haga el salvoconducto, y se le pongan en la bolsa coronas para el viaje: no queremos morir en compañía de quién tema que su compañía le hará morir con nosotros. Hoy es San Crispín: el que sobreviva a este día y vuelva a casa sano y salvo, se elevará de puntillas cuando se nombre este día, engrandeciéndose ante el nombre de San Crispín. El que salga vivo hoy y llegue a la vejez, todos los años, en la víspera de ese día, invitará a sus vecinos, y dirá: "Mañana es San Crispín"; y luego se remangará y enseñará sus cicatrices. Los viejos olvidan: todo quedará olvidado, pero él recordará, mejorándolas, las hazañas que hizo ese día. Y entonces nuestros nombres serán familiares en su boca como palabras caseras: el rey Enrique, Bedford, Exeter, Warwick, Talbot, Salisbury y Gloucester, todos seremos recordados de nuevo entre sus vasos rebosantes. este relato contarán los hombres buenos a su hijo: y jamás pasará el día de San Crispín y San Crispiniano, desde hoy hasta el fin del mundo, sin que seamos recordados en él nosotros pocos, felices pocos, nosotros, grupo de hermanos; pues el que hoy vierta conmigo su sangre será mi hermano: por villano que sea, este día le hará de noble rango, y muchos caballeros de Inglaterra, que ahora están en la cama, se considerarán malditos por no haber estado aquí, y les parecerá mísera su valentía, cuando hable alguno que combatiera con nosotros el día de San Crispín.
Nuestros héroes - Phoebe Cary
Tiendo la mano al joven valeroso que hace lo que sabe que es correcto; cuando la tentación se cruce en su camino, le aguarda una durísima batalla. Quien disienta con sus camaradas encontrará un enemigo poderoso. Honores para él so obtiene el triunfo, un hurra por quien sabe decir no.
A diario se libran grandes luchas que el mundo desconoce por completo; hay muchos soldaditos valerosos cuya fuerza pone en fuga una legión. Y quien sabe luchar contra el pecado es, en mi opinión, aún más heroico que quien conduce tropas al combate y vence en la refriega por las armas.
La tentación enfrenta con denuedo y haz lo que sabes que es correcto. No abandones la insignia de la hombría y en la lid así obtendrás el triunfo. "Lo correcto" sea tu grito de batalla al librar la guerra de la vida. Y Dios, que al héroe reconoce, te dará su fuerza en la contienda.
Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.
Sin amigos - dice Aristóteles - nadie escogería vivir, aunque tuviera todos los demás bienes. Las narraciones acerca de la amistad requieren adoptar la perspectiva de los amigos, tomar a los demás en serio. En las mejores amistades vemos un paradigma moral de todos las relaciones humanas en lo que quizás sea su forma más pura. Un amigo es algo más que un conocido, y la amistad supone algo más que afecto. La amistad suele surgir de intereses y metas comunes, y estos propósitos se fortalecen con los impulsos benignos que tarde o temprano generan. Las exigencias de la amistad - franqueza, apertura, capacidad de tomar las críticas de los amigos tan seriamente como sus expresiones de admiración o elogio, lealtad, asistencia al punto de autosacrificio - son potentes estímulos para la maduración y el ennoblecimiento moral (estamos hablando de jóvenes y niños, sobre todo). En estos tiempos, cuando a menudo resulta tan fácil establecer relaciones informales y cuando la utilidad es tan precipitada y barata, es preciso recordar que la amistad genuina requiere tiempo. Se requiere un esfuerzo para establecerla, y trabajo para mantenerla. Y aunque sea - como decía C.S.Lewis - la forma menos biológica del amor, es también una de la más importantes. A propósito, las debilidades buscan la compañía tanto o más que las virtudes. Hay relaciones que no merecen la clasificación de amistad pero que aun así ostentan ese nombre; esa clase de amistad que el ensayista Joseph Addison denominaba "confederaciones del vicio, o ligas del placer" (por favor, recordar que era un hombre que vivió entre los siglos XVII y XVIII). Nuestros amigos deben ser aliados de lo mejor de nosostros, deberíamos enseñar a los jóvenes (y niños) a reconocer las falsas amistades, a entender que son nocivas, a comprender que refuerzan lo más indigno de nosotros. Tener amigos es sólo la mitad de la relación, aunque es la mitad que más suele preocupar a padres e hijos. Puede decirse que "los buenos amigos contribuyen a nuestra crianza"; pero el anverso de esta moneda es que uno es el buen amigo, el agente activo que educa al otro. Extracto de la Etica nicomaquea: quienes comienzan apresuradamente un intercambio de actos amistosos pueden sentir el deseo de ser amigos, pero no lo serán a menos que también sean objetos apropiados de la amistad y se conozcan mutuamente como tales, es decir, la apetencia de amistad puede surgir rápidamente, pero no la amistad misma.
Damón y Pitias
Damón y Pitias habían sido excelentes amigos desde la infancia. Cada cual confiaba en el otro como un hermano y cada cual sabía en su corazón que sería capaz de todo por su amigo. con el tiempo llegó el momento de demostrar la hondura de su devoción. Sucedió de esta manera. Dionisio, el monarca de Siracusa, se fastidió cuando oyó los discursos que pronunciaba Pitias. El joven estudioso decía en público que ningún hombre debía ejercer poder ilimitado sobre otro, y que los tiranos eran reyes injustos. En un arrebato de ira, Dionisio convocó a Pitias y su amigo. -¿Quienes creéis que sois, para sembrar el descontento entre la gente? -preguntó. -Yo sólo digo la verdad- respondió Pitias -. No Puede haber nada de malo en ello. -¿Y tu verdad sostiene que los reyes tienen demasiado poder y que sus leyes no son buenas para sus súbditos? -Si un rey ha tomado el poder sin autorización del pueblo, eso es lo que yo diría. -Estas palabras son traición -gritó Dionisio-. Estás conspirando para derrocarme. Retráctate de tus palabras, o enfrenta las consecuencias. -No me retractaré -respondió Pitias. -Entonces morirás. ¿Tienes un último pedido? -Sí. Déjame ir a casa para despedirme de mi esposa y mis hijos, y para poner mis cosas en orden. -Veo que no sólo crees que soy injusto, sino que además soy estúpido -rió desdeñosamente Dionisio-. Si te dejo salir de Siracusa, no volveré a verte. -Te haré un juramento. -¿Qué clase de juramento podrías hacer que me indujera a creer que regresarás? En ese momento Damón, que había permanecido en silencio, se adelantó. -Yo seré su garantía -dijo-. Reténme en Siracusa, como prisionero, hasta el regreso de Pitias. Nuestra amistad en bien conocida. Puedes tener la certeza de que Pitias regresará mientras me tengas aquí. Dionisio estudió en silencio a ambos amigos. -Muy bien -dijo al fin-. Pero si deseas tomar el lugar de tu amigo, debes estar dispuesto a aceptar su sentencia si él rompe su promesa. Si Pitias no regresa a Siracusa, morirás en su lugar. -Él mantendrá su palabra -respondió Damón-. No tengo la menor duda de ello. Pitias obtuvo autorización para irse por un tiempo, y Damón fue a dar a la cárcel. Al cabo de varios días, como Pitias no aparecía, Dionisio no pudo con su curiosidad y fue a la prisión para ver siDamón se errepentía del trato que había hecho. -Tu tiempo se está acabando -se mofó el monarca de Siracusa-. Será inútil pedir piedad. Fuiste necio al confiar en la promesa de tu amigo. ¿De verás creíste que sacrificaría su vida por ti o por cualquier otro? -Sólo ha sufrido una demora -respondió Damón sin inmutarse-. Los vientos le han impedido navegar, o tal vez ha sufrido un accidente en la carretera. Pero si es humanamente posible, él regresará a tiempo. Creo en su virtud tanto como en mi existencia. Dionisio se asombró de la confianza del prisionero. -Veremos -dijo, y dejó a Damón en sus celda. Llegó el día fatal. Damón fue sacado de la prisión y conducido ante el verdugo. Dionisio lo saludó con una sonrisa socarrona. -Parece que tu amigo no ha llegado -rió-. ¿Qué piensas ahora de él? -Es mi amigo -respondió Damón-. Confío en él. Y mientras hablaba, las puertas se abrieron y Pitias entró tambaleándose. Estaba pálido y magullado, y apenas podía hablar de cansancio. Se arrojó en brazos de su amigo. -Estás a salvo, loados sean los dioses -jadeó-. Parece que los hados conspiraban contra nosotros. Mi barco naufragó en una tormenta, y luego me atacaron salteadores. Pero rehusé abandonar mis esperanzas, y logré llegar a tiempo. estoy dispuesto a cumplir mi sentencia de muerte. Dionisio quedó atónito al oír estas palabras, y sus ojos y su corazón se abrieron. Era imposible resistir el poder de semejante constancia. -La sentencia queda revocada -declaró-. Nunca creí que tanta fe y lealtad pudieran existir en la amistad. Me has demostrado cuán equivocado estaba, y es justo que seas recompensado con tu libertad. Pero a cambio os pediré un gran servicio. -¿A qué te refieres? -preguntaron los amigos. -Enseñadme a formar parte de una amistad tan noble.
William Butler Yeats
Aunque te encuentres en tus días radiantes, con voces en la multitud y amigos nuevos que te adulan, no seas engreído ni orgulloso, y piensa ante todo en los viejos amigos. La cruel marea del tiempo subirá, tu belleza perecerá y se perderá para todos los ojos menos éstos.
La flecha y la canción -Henry Wadsworth Longfellow
Disparé una flecha al aire, y no supe dónde. Mi vista no podía seguír su raudo vuelo.
Lancé al aire una canción, y cayo, no supe dónde. ¿Qué vista podía seguir una canción por los aires?
Mucho después, en un roble, encontré una flecha intacta; y la canción, toda entera, en el pecho de un amigo.
Nota: Próximo post sobre las virtudes: trabajo.
Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.
Así como el coraje acepta un desafío por los demás, la compasión acepta un desafíoconlos demás en sus momentos de desconsuelo.La compasión es una virtud que tiene en cuenta la realidad de otras personas, su vida interior, sus emociones, así como sus circunstancias externas.Las semillas de la compasión están sembradas en nuestra naturaleza humana. De Jean-Jacques Rosseau se puede citar: "la compasión es un sentimiento natural que, al moderar el egoísmo virulento del individuo, contribuye a la preservación de la especie. Esta compasión nos insta a acudir impulsivamente en auxilio de quienes están en desgracia".La compasión procura conservar esa prematura conciencia de que todos estamos embarcados en lo mismo, de que sólo nos movemos "por la gracia de Dios". Así la compasión se aproxima al corazón mismo de la conciencia moral, pues nos permite atisbar el yo del prójimo.
Si logro impedir que un corazón se rompa - Emily Dickinson (1830-1886)
Si logro impedir que un corazón se rompa, no habré vivido en vano, si logro aplacar un dolor, o aliviar una pena, o ayudar a un pájaro agotado a regresar a su nido, no habré vivido en vano.
El león y el ratón - Esopo
Un día un gran león dormía al sol. Un pequeño ratón tropezó con su zarpa y lo despertó. El gran león iba a engullirlo cuando el pequeño ratón ratón gritó: -Oh, por favor, déjame ir. Algún día puedo ayudarte. El león rió ante la idea de que el pequeño ratón pudiera ayudarle, pero tenía buen corazón y lo dejó en libertad. Poco después, el león quedó atrapado en una red. Tiró y rasgó con todas sus fuerzas, pero las cuerdas eran demasiado fuertes. Dio un potente rugido. El ratón le oyó y corrió hacia ese lugar. -Tranquilo, querido león, yo te pondré en libertad. Roeré las cuerdas . Con sus afilados dientes, el ratón cortó las cuerdas y el león se zafó de la red. -Una vez te reíste de mí - dijo el ratón -. Creías que yo era demasiado pequeño para ayudarte. Pero, como ves, debes la vida a un pequeño y humilde ratón.
Nota: Próximo post sobre las virtudes: responsabilidad.
Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.
En la autodisciplina uno es "discípulo" de sí mismo. Es una relación extraña, paradójica y complicada. La incapacidad de dominar arrebato, apetitos, pasiones e impulsos causa mucha infelicidad y angustia.
La autodisciplina según Aristóteles - de la Etica nicomaquea
La virtud es pues de dos clases, intelectual y moral. La virtud intelectual nace y se desarrolla con la enseñanza, y en consecuencia necesita experiencia y tiempo. Las virtudes morales se desarrollan con el hábito. ... no las poseemos por naturaleza, ni a despecho de la naturaleza, y las desarrollamos por medio del hábito. ... adquirimos estas virtudes ejercitándolas al igual que ocurre con otras artes. Aprendemos a hacer las cosas al hacerlas: los hombres aprenden el arte de construir, por ejemplo, construyendo, y a tocar el arpa tocando el arpa. Asimismo, al realizar actos de justicia aprendemos a ser justos, al practicar la autodisciplina aprendemos a ser autodisciplinados y a realizar actos de valentía aprendemos a ser valientes...
Nuestro modo de actuar en nuestras relaciones con los demás nos vuelve valerosos o cobardes. Nuestro modo de enfrentar situaciones peligrosas, ya sea acostumbrándonos a temer o a tener aplomo, no vuelve valerosos o cobardes. Lo propio ocurre con la lujuria y la cólera; algunas personas adquieren autodisciplina y paciencia por medio de su conducta en tales situaciones, mientras que otras se vuelven descontroladas y apasionadas. En una palabra, las actividades producen disposiciones similares. ... en síntesis, los hábitos que formamos desde la infancia no son poca cosa de poca monta, sino que todo depende de ellos. La virtud moral es un punto medio entre dos vicios, uno en exceso y otro en carencia, y ... procura alcanzar le medianía tanto en los sentimientos como en los actos. Por ende, es difícil ser bueno, pues sin duda es difícil hallar el justo medio en cada caso, así como es difícil hallar el centro de un círculo. es fácil encolerizarse o dilapidar dinero, es algo que cualquiera puede hacer. Pero actuar con propiedad hacia la persona apropiada, en la proporción apropiada, en el momento apropiado, por la razón apropiada, y de la manera apropiada, eso no es fácil, y no todos pueden hacerlo. Por ende, quien busque el justo medio debe evitar ante todo aquel extremo que está más alejado del medio que otro ... pues uno de ambos extremos es siempre más errado que el otro. Y como dar exactamente con el justo medio es dificultoso, uno debe optar por el mal menor, pues escoger el menor de dos males es lo más seguro ... También debemos tener en cuenta los errores a los cuales nos inclina nuestra propensión natural. Varían en cada individuo, y descubriremos los nuestros por el placer o el dolor que nos causan. Habiendo descubierto nuestros errores, debemos obligarnos a seguir la dirección opuesta. Pues llegaremos al justo medio alejándonos de nuestros defectos, tal como si enderezáramos una madera curva. Pero en todos los casos debemos precavernos contra lo que es placentero, y contra el placer mismo, pues no somos sus jueces imparciales. Esto es manifiesto: en todas nuestras conductas, la medianía es el estado más loable. Pero en la práctica, debemos a veces apuntar hacia el exceso y a veces hacia la carencia, porque éste será el modo más fácil de alcanzar la medianía, es decir, lo correcto.
Nota: Los post sobre las virtudes continuarán hasta poder darle entidad al post primigenio, donde muestro mi fastidio (molestia) por la situación actual.
Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.
Leí el libro Palabras a mí mismo cuando tenía alrededor de 20-21 años. Era un libro que había sido escrito por un hombre en 1970, siendo reflexiones (preocupaciones) de una persona que se encontraba cerca de sus 35 años. Ya era un libro viejo, cuando llegó a mis manos. En su momento esos pensamientos me ayudaron a reflexionar sobre mis vivencias, o la falta de ellas. Claro que visto ahora, serían pensamientos muy "estilo californiano"; ahora lo llamarían new age. Al final del libro, Hugh aclaraba que sus notas no debía ser tomadas como axiomas, pues al terminar de escribir el libro algunas de esas ideas ya habían evolucionado o cambiado, no hay valor constante en las afirmaciones. ¿Cuál es el porqué de recordarlo ahora? Recuperé el libro. Ha sido reeditado. Encontrarlo ahora, con más años, más vivencias; me trae recuerdos y otros pensamientos. Algunos ya dejados atrás, otros con los que no concordaba en su momento, ahora me resultan válidos. Mi atención se detienen en:
A menos que acepte mis defectos es seguro que dudaré de mis virtudes. Esto todavía me molesta un poco, pues no dudo de mis virtudes; pero sé que muchas veces "agiganto" mis defectos y soy el primero en flagelarme.
Si verdaderamente acepto mi conducta es que he dejado de juzgarme. En los tiempos actuales es sencillo aceptar la conducta de uno, habiendo tanta conducta errónea - según mi parecer -; pero no es así, sé que la mayoría de la veces se puede actuar mejor.
Si alguien me despierta aversión o si me sorprendo ignorando o evitando a alguien en un grupo, probablemente estoy huyendo de un rasgo mío que esa persona exhibe. Es un pensamiento al cual no adscribo en su totalidad. Si una persona en un grupo demuestra ser discriminadora, ya sea sexista, clasista, o prejuiciosa ante lo diferente (tendencia sexual), o simplemente racista; no puedo dejar de sentir malestar u oponerme a su parecer. Debo emitir mi desagrado o mi oposición, sino estaría dejando la idea - equivoca - de compartir lo hecho o dicho.
Si algo que tú haces me irrita quiere decir que tu falta también es la mía. Todavía me hace "ruido". Me detengo a pensar, ¿es realmente así, o será mi intolerancia hacia la estupidez o las maldades cotidianas?
Interpretar mis pausas es problema de ellos. Y si, mis silencios suelen ser mortales.
Sólo en el silencio la palabra, sólo en la oscuridad la luz, sólo en la muerte la vida; el vuelo del halcón brilla en el cielo vacío. (Ursula K.Le Guin)