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27/10/09

Molestia - Hartazgo

Iba a continuar escribiendo sobre Las Virtudes, recordando el libro de William J. Bennett. Pero realmente no da para más, estoy cansado, harto. Realmente cansado de todo y de todos.

Las virtudes que seguían:

Perseverancia

Honestidad
Lealtad
Fe


He leído que nada es tan influyente en la vida de los niños - y jóvenes - como el poder moral del ejemplo silencioso. Para que ellos tomen la moralidad en serio, deben ver a los adultos tomándose la moral en serio.


Algunas ideas a tener en cuenta:

- Si se comparte el respeto por ciertos rasgos fundamentales de carácter: honestidad, compasión, perseverancia, coraje. Estas son virtudes. No se nace en posesión de estos conocimientos. Por ende, junto con el precepto, el hábito y el ejemplo, existe también la necesidad de lo que se puede llamar "
alfabetización moral".
- Brindar educación moral a los jóvenes, es incluir la mente y el corazón hacia el bien. Supone normas y preceptos, implica derechos y obligaciones de la vida comunitaria.

- Deben alcanzar un nivel mínimo de función moral (funcionamiento) que los capacite para interpretar lo que ven en la vida y les ayude a vivirla bien.

- Si se desea que los hijos posean rasgos de carácter que más admiramos, debemos enseñarles cuáles son esos rasgos y por qué merecen nuestras admiración y complaciencia.

- Se habla de los valores y la importancia, como si fueran abalorios (bisutería). Pero las virtudes no son algo que se debe poseer, sino como parte esencial de la naturaleza del ser humano. Como un antídoto contra algunas distorsiones de los tiempos en que vivimos.


Si además de una inadecuada educación básica. Donde los niños y jóvenes son promovidos hacia los niveles superiores, sólo por el hecho de asistir, y no de una evaluación real. Es decir, está faltando lo básico. Si agregamos esa alfabetización moral - antes enunciada - y la ausencia de la misma. ¿Qué nos está quedando? Pues, nada.
Si tanto los educadores, como los mayores de esos niños, no les enseñan, ni con palabras, ni con ejemplos, cuáles son los caminos a seguir; mal pueden ellos a ciencia cierta, saber de esas virtudes que los harían mejores.

Tal vez estoy siendo injusto con aquellos padres y educadores que sí se preocupan por dar esa educación moral. Mas es un trabajo arduo, pues una vez salidos de sus hogares e influencia, lo que los jóvenes y niños perciben es otra cosa. Si como sociedad, se están dando ejemplos en contrario; y se pueden ver que las conductas réprobas, son aplaudidas y/o festejadas. Mal se puede esperar que los niños y jóvenes actúen de forma correcta y noble, teniendo como norma de vida a las virtudes.

Tal vez no debería escribir nada, pues no soy
Émile Zola en su alegato Yo acuso. Sólo que no veo que como grupo orgánico estemos yendo por buen rumbo.
En este momento recuerdo una frase adjudicada a Jean P. Sartre
*:

La hipocresía, ese homenaje del vicio a la virtud

Nos estamos volviendo una sociedad hipócrita. Simulamos en mostrar lo que deseamos, y luego con el disimulo, ocultamos aquello que no se quiere mostrar.

Es por eso que no escribiré más sobre las virtudes. Para aquellos padres y educadores que pasen por aquí, quizás sientan que pagan justos por pecadores (frase hecha, lo sé). Pero no puedo dejar de pensar en colectivo, y no en forma individual. Yo asumo la parte que me corresponde, pero no vislumbro una mejor sociedad, sin educación en todos los niveles.




(*)
Entiendo que la frase original fue de La Rochefoucauld, "La hipocresía no es sino el homenaje que el vicio rinde a la virtud"

1/9/09

Virtudes: coraje

Aristóteles en Etica nicomaquea, nos dice: "Nos volvemos valientes al realizar actos de valentía".
Las disposiciones del carácter se fijan gradualmente por medio de la práctica. Es por eso, "al habituarnos a afrontar cosas terribles y al resistir contra ella nos volvemos valientes, y cuando más valientes somos, más capacidad de resistencia posemos".
No obstante, la resistencia contra las cosas amenazadoras no se debe confundir con la temeridad. El miedo ante el peligro es una emoción totalmente justificable. En un pasaje de Moby Dick, Starbuck, interpela a la tripulación:
-"No quiero en mi barco ningún hombre sin miedo a la ballena - . Para él, el hombre extremadamente temerario era un compañero peligroso."
Con lo cual se está insinuando que el coraje más confiable y útil es el que surge de una justa estimación del peligro, y también - siendo reiterativo - que un temerario es un camarada mucho más peligroso que un cobarde.
La persona valiente no es aquella que nunca tiene miedo. Esto se aplica más bien a la persona precipitada o inconsciente.
Según Aristóteles, el coraje es un disposición a sentir grados pertinentes de temor y confianza en situaciones desafiantes - lo "pertinente" varía muchísimo con las circunstancias -. También es una disposición a defender nuestro terreno, a avanzar o retroceder según los dictados de la prudencia. Para cimentar dicha disposición, es preciso adquirirla, y eso significa práctica; lo cual nos lleva a enfrentar temores y actuar de cierta manera antes de contar con la disposición para ello: actuar con valentía cuando no nos sentimos valientes.

Notas al margen:
- La marca del coraje moral radica en ver lo que es correcto y hacerlo con firme resolución, a pesar de la opinión de la mayoría.
- Existe un coraje falso, que puede nacer de la vanidad. Hay ciertos peligros que conviene temer y no debemos afrontarlos sin tener clara conciencia de ellos.
- El auténtico coraje se combina con la circunspección, ese saludable escepticismo que pregunta si este modo de hacer las cosas es el mejor. La auténtica cobardía está signada por el escepticismo crónico, que siempre dice que "no es posible" hacer nada.
- La vida exige cierto valor (denuedo, intrepidez) cotidiano. Puede ser menos espectacular que la valentía que requieren los momentos de excepcional peligro, pero ella determina qué clase personas somos (estudiantes, cónyuges, padres, trabajadores, ciudadanos).


  • Horacio en el puente - versión de James Baldwin
Una vez hubo una guerra entre el pueblo romano y los etruscos que vivían en las ciudades de la otra margen del río Tíber. Porsena, rey de los etruscos, reunió un gran ejercito y marcho hacia Roma. La ciudad nunca había corrido tanto peligro.
Los romanos no tenían muchos guerreros en esos tiempos, y sabían que no tenían fuerzas suficientes para enfrentar a los etruscos en campo abierto, así que se refugiaron dentro de sus murallas y apostaron guardias para vigilar las carreteras.
- ¿Qué haremos -dijeron los canosos legisladores de Roma-. Si ganan el puente no podremos impedir que crucen, y entonces no quedará esperanza para la ciudad.
Entre los guardias del puente había un valiente llamado Horacio. estaba en la otra margen del río, y cuando vio que se aproximaban los etruscos, avisó a los romanos que estaban a sus espaldas.

Habló pues el bravo Horacio,
capitán de la puerta: "A todo hombre de esta tierra
tarde o temprano le llega la muerte.
¿Y qué mejor muerte puede haber
que enfrentar una suerte adversa
por las cenizas de sus padres
y el templo de sus dioses?"

- Derribad el puente a toda prisa -exclamó-. Yo, con los dos hombres que me acompañan, mantendré a raya al enemigo.
Entonces, empuñando sus escudos y sus largas lanzas, los tres valientes se plantaron en la carretera y contuvieron a los jinetes que Porsena había enviado a tomar el puente.
En el puente los romanos hachaban las vigas y postes. Las hachas cantaban, las astillas volaban y de pronto el puente tembló y crujió.
- ¡Regresad! ¡Regresad y salvad la vida! - gritaron a Horacio y sus dos acompañantes.
Pero entonces los jinetes de Porsena atacaron de nuevo.
- ¡Corred! - dijo Horacio a sus amigos-. Yo guardaré la carretera.
Dieron media vuelta y corrieron por el puente. Apenas había llegado al otro lado cuando con gran estrépito de vigas y maderos. El puente se ladeó y cayó en el agua con gran chapoteo.
Cuando Horacio oyó el sonido, supo que la ciudad estaba a salvo. Con el rostro hacia los hombres de Porsena, retrocedió despacio hasta llegar a la orilla del río. Un dardo etrusco le arrancó el ojo izquierdo, pero no titubeó. Arrojó la lanza al jinete más próximo y se volvió deprisa. Vio el blanco porche de su hogar entre los árboles de las otra margen del río.

Y le habló al noble río
que lame los muros de Roma:
"¡Oh Tíber! ¡Padre Tíber,
a quien rezan los romanos!
Un romano hoy te encomienda
sus armas y su vida."

Saltó al profundo y caudaloso río. Aún llevaba puesta su pesada coraza, y cuando se hundió, nadie pensó que lo vería de nuevo. Pero era un hombre fuerte y el mejor nadador de Roma. Pronto emergió en medio del río, a salvo de las lanzas y las flechas que le arrojaban los soldados de Porsena.
Llegó a la otra orilla, donde sus amigos aguardaban para ayudarle. gritos de admiración lo saludaron cuando trepó a la orilla. y los hombres de Porsena también gritaron, pues nunca habían visto un hombre tan valiente y fuerte como Horacio. Les había impedido entrar en Roma, pero había realizado una hazaña que merecía sus alabanzas.
En cuanto a los romanos, agradecieron a Horacio que hubiera salvado la ciudad. lo llamaron Horacio Cocles, que significaba "Horacio, el Tuerto", porque había perdido un ojo al defender el puente y erigieron una hermosa estatua de bronce en su honor, y le dieron tantas tierras como pudiera arar en un día. Y durante siglos...

Con sollozos y con risas
aún se contaba la historia:
Horacio defendió el puente
en los fieros días de antaño.


Nota : tengo por esta historia una especial debilidad y predilección. Al igual que con la historia-leyenda, de los Horacios y Curiaceos. Sepan disculparme.


  • Discurso de Enrique en Agincourt - William Shakespeare (escena tomada de Enrique V)
Westmoreland : ¡Ah si tuviéramos ahora aquí sólo una diezmilésima de los hombres de Inglaterra que hoy no hacen nada!
Enrique: ¿Quién es el que eso desea? Mi primo Westmoreland. No mi buen primo: si estamos señalados para morir, somos bastantes para ser una pérdida de nuestro país: si para vivir, cuanto menos hombres, mayor porción de honor. Por Dios, te ruego que no desee un hombre más. Por Júpiter, no soy codicioso de oro, ni me importa a quién alimento a mi costa: no me importa que otros lleven mi ropas: tales cosas cosas exteriores no entran en mis deseos. Pero si es pecado codiciar honor, soy el alma más pecadora de este mundo. A fe, no, primo, no desees ningún hombre más de Inglaterra. Por la paz de Dios, no querría perder tan gran honor como me parece que me quitaría un solo hombre más, ni a cambio de la mejor esperanza que tengo. Ah, no desees uno más: más bien proclama, Westmoreland, por todas mis huestes, que a quien no tenga ánimos para esta lucha, se le deje marchar, se le haga el salvoconducto, y se le pongan en la bolsa coronas para el viaje: no queremos morir en compañía de quién tema que su compañía le hará morir con nosotros. Hoy es San Crispín: el que sobreviva a este día y vuelva a casa sano y salvo, se elevará de puntillas cuando se nombre este día, engrandeciéndose ante el nombre de San Crispín. El que salga vivo hoy y llegue a la vejez, todos los años, en la víspera de ese día, invitará a sus vecinos, y dirá: "Mañana es San Crispín"; y luego se remangará y enseñará sus cicatrices. Los viejos olvidan: todo quedará olvidado, pero él recordará, mejorándolas, las hazañas que hizo ese día. Y entonces nuestros nombres serán familiares en su boca como palabras caseras: el rey Enrique, Bedford, Exeter, Warwick, Talbot, Salisbury y Gloucester, todos seremos recordados de nuevo entre sus vasos rebosantes. este relato contarán los hombres buenos a su hijo: y jamás pasará el día de San Crispín y San Crispiniano, desde hoy hasta el fin del mundo, sin que seamos recordados en él nosotros pocos, felices pocos, nosotros, grupo de hermanos; pues el que hoy vierta conmigo su sangre será mi hermano: por villano que sea, este día le hará de noble rango, y muchos caballeros de Inglaterra, que ahora están en la cama, se considerarán malditos por no haber estado aquí, y les parecerá mísera su valentía, cuando hable alguno que combatiera con nosotros el día de
San Crispín.


  • Nuestros héroes - Phoebe Cary
Tiendo la mano al joven valeroso
que hace lo que sabe que es correcto;
cuando la tentación se cruce en su camino,
le aguarda una durísima batalla.
Quien disienta con sus camaradas
encontrará un enemigo poderoso.
Honores para él so obtiene el triunfo,
un hurra por quien sabe decir no.

A diario se libran grandes luchas
que el mundo desconoce por completo;
hay muchos soldaditos valerosos
cuya fuerza pone en fuga una legión.
Y quien sabe luchar contra el pecado
es, en mi opinión, aún más heroico
que quien conduce tropas al combate
y vence en la refriega por las armas.

La tentación enfrenta con denuedo
y haz lo que sabes que es correcto.
No abandones la insignia de la hombría
y en la lid así obtendrás el triunfo.
"Lo correcto" sea tu grito de batalla
al librar la guerra de la vida.
Y Dios, que al héroe reconoce,
te dará su fuerza en la contienda.








Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.


18/8/09

Virtudes: trabajo

No se habla del empleo y la remuneración, sino de la vida. El trabajo es esfuerzo aplicado, es aquello a lo que nos dedicamos, aquello a lo cual consagramos nuestras energías para lograr algo. En este sentido fundamental, el trabajo no es la tarea con la cual nos ganamos la vida sino aquella que hacemos de nuestra vida.
Lo opuesto del trabajo no es el ocio, el juego o la diversión, sino la pereza, el hecho de no invertir nuestras aptitudes. Las actividades ociosas, el juego y la diversión pueden implicar una genuina inversión en vez de ser una pérdida de tiempo.
En sí, queremos que los jóvenes (porqué no, también nosotros) florezcan, que vivan bien y prosperen, que sean felices. La felicidad – como señala Aristóteles – reside en la actividad, tanto física, como mental; reside en hacer cosas de las que uno pueda enorgullecerse y por lo tanto disfrute haciendo. Es un error identificar el placer con la mera diversión, la relajación o el entretenimiento. Las mayores alegrías de la vida no son las que se apartan de nuestro trabajo, sino las que se avienen con dicho trabajo. Perderse dicha alegría, de la labor bien realizada, es perderse algo importante.
Todo puede hacerse bien o mal; puede hacerse alegremente y con orgullo, o a regañadientes y a disgusto. El modo de hacerlo depende de nosotros. Tal vez este sea el concepto más agudo (sagaz) que los antiguos romanos estoicos legaran a la humanidad. No hay tareas indignas, sólo actitudes indignas. Y la actitud depende de nosotros.
El trabajo - reitero - es esfuerzo aplicado, hacia cierto fin. El trabajo más satisfactorio supone dirigir nuestros esfuerzos hacia fines que consideramos como expresiones válidas de nuestro talento y carácter.

Reflexión al margen: entiendo que en los tiempos actuales es difícil hablar del trabajo como una virtud y darle real valía. Mas se deberá entender como una virtud donde las claves - una vez más - son la práctica y el ejemplo. La práctica en hacer varias cosas que requieren un nivel de esfuerzo y compromiso compatible con cierta inversión personal en la actividad, y el ejemplo de la propia vida.
Los adultos que trabajan con ahínco para proveer a sus hijos de lo que se requiere para tener una vida floreciente, se toman la educación en serio. El ayudar en las tareas domésticas, en el cuidado de los animales (mascotas) y otras actividades diarias; requieren aprendizaje. Los adultos mostraran a los jovenes cómo disfrutar de hacer las cosas que deben hacerse, trabajando con ellos, alentando y valorando sus esfuerzos, y - sobre todo - presentando un ejemplo jovial y concienzudo.


  • Resultados y rosas - Edgar Guest
El hombre que desea un jardín bello,
sea de pequeño o de gran tamaño,

cubierto de flores por doquier,

debe trabajar y arremangarse.

Hay muy pocas cosas en la tierra
que con sólo desearlas se consigan:
si anhelamos algo de valía
hay que trabajar para ganarlo.

No importa qué meta persigamos,
el simple secreto aquí radica:
excava semana tras semana
y obtendrás los resultados y las rosas
.


  • El granjero y sus hijos - Esopo
Un granjero estaba a punto de morir y deseaba comunicar a sus hijos un importante secreto, los llamó y dijo:
- Hijos míos, moriré dentro de poco. Por tanto, sabed que en mi viñedo hay un tesoro oculto. Cavad y lo encontraréis.
En cuanto el padre murió, los hijos empuñaron azaada y rastrillo y removieron una y otra vez el terreno, en busca del tesoro que supuestamente estaba enterrado allí. No encontraron nada, pero las viñas, con la tierra tan removida, produjeron una cosecha como jamás se había visto.
No hay tesoro sin esfuerzo
.


  • Verdadera nobleza - Edgar Guest
Quien hace su tarea día a día
y acoge a quien encuentra en el camino,

creyendo que es voluntad divina,

ha encontrado grandeza en este mundo.


Quien cuida su puesto, dondequiera,
creyendo que Dios lo necesita

aunque se trate de una faena tosca,

se ha elevado a la nobleza.


De lo grande y lo bajo hay una prueba:
si un hombre pone su mayor empeño,

y trabaja con brío y sin reservas

no morirá en deuda con el hombre.




Nota: Próximo post sobre las virtudes:
coraje




Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.



11/8/09

Virtudes: amistad

Sin amigos - dice Aristóteles - nadie escogería vivir, aunque tuviera todos los demás bienes.
Las narraciones acerca de la amistad requieren adoptar la perspectiva de los amigos, tomar a los demás en serio.

En las mejores amistades vemos un paradigma moral de todos las relaciones humanas en lo que quizás sea su forma más pura.
Un amigo es algo más que un conocido, y la amistad supone algo más que afecto. La amistad suele surgir de intereses y metas comunes, y estos propósitos se fortalecen con los impulsos benignos que tarde o temprano generan.
Las exigencias de la amistad - franqueza, apertura, capacidad de tomar las críticas de los amigos tan seriamente como sus expresiones de admiración o elogio, lealtad, asistencia al punto de autosacrificio - son potentes estímulos para la maduración y el ennoblecimiento moral (estamos hablando de jóvenes y niños, sobre todo).
En estos tiempos, cuando a menudo resulta tan fácil establecer relaciones informales y cuando la utilidad es tan precipitada y barata, es preciso recordar que la amistad genuina requiere tiempo.
Se requiere un esfuerzo para establecerla, y trabajo para mantenerla. Y aunque sea - como decía C.S.Lewis - la forma menos biológica del amor, es también una de la más importantes.
A propósito, las debilidades buscan la compañía tanto o más que las virtudes. Hay relaciones que no merecen la clasificación de amistad pero que aun así ostentan ese nombre; esa clase de amistad que el ensayista Joseph Addison denominaba "confederaciones del vicio, o ligas del placer" (por favor, recordar que era un hombre que vivió entre los siglos XVII y XVIII).
Nuestros amigos deben ser aliados de lo mejor de nosostros, deberíamos enseñar a los jóvenes (y niños) a reconocer las falsas amistades, a entender que son nocivas, a comprender que refuerzan lo más indigno de nosotros.
Tener amigos es sólo la mitad de la relación, aunque es la mitad que más suele preocupar a padres e hijos. Puede decirse que "los buenos amigos contribuyen a nuestra crianza"; pero el anverso de esta moneda es que uno es el buen amigo, el agente activo que educa al otro.
Extracto de la Etica nicomaquea: quienes comienzan apresuradamente un intercambio de actos amistosos pueden sentir el deseo de ser amigos, pero no lo serán a menos que también sean objetos apropiados de la amistad y se conozcan mutuamente como tales, es decir, la apetencia de amistad puede surgir rápidamente, pero no la amistad misma.




  • Damón y Pitias
Damón y Pitias habían sido excelentes amigos desde la infancia. Cada cual confiaba en el otro como un hermano y cada cual sabía en su corazón que sería capaz de todo por su amigo. con el tiempo llegó el momento de demostrar la hondura de su devoción. Sucedió de esta manera.
Dionisio, el monarca de Siracusa, se fastidió cuando oyó los discursos que pronunciaba Pitias. El joven estudioso decía en público que ningún hombre debía ejercer poder ilimitado sobre otro, y que los tiranos eran reyes injustos. En un arrebato de ira, Dionisio convocó a Pitias y su amigo.
-¿Quienes creéis que sois, para sembrar el descontento entre la gente? -preguntó.
-Yo sólo digo la verdad- respondió Pitias -. No Puede haber nada de malo en ello.
-¿Y tu verdad sostiene que los reyes tienen demasiado poder y que sus leyes no son buenas para sus súbditos?
-Si un rey ha tomado el poder sin autorización del pueblo, eso es lo que yo diría.
-Estas palabras son traición -gritó Dionisio-. Estás conspirando para derrocarme. Retráctate de tus palabras, o enfrenta las consecuencias.
-No me retractaré -respondió Pitias.
-Entonces morirás. ¿Tienes un último pedido?
-Sí. Déjame ir a casa para despedirme de mi esposa y mis hijos, y para poner mis cosas en orden.
-Veo que no sólo crees que soy injusto, sino que además soy estúpido -rió desdeñosamente Dionisio-. Si te dejo salir de Siracusa, no volveré a verte.
-Te haré un juramento.
-¿Qué clase de juramento podrías hacer que me indujera a creer que regresarás?
En ese momento Damón, que había permanecido en silencio, se adelantó.
-Yo seré su garantía -dijo-. Reténme en Siracusa, como prisionero, hasta el regreso de Pitias. Nuestra amistad en bien conocida. Puedes tener la certeza de que Pitias regresará mientras me tengas aquí.
Dionisio estudió en silencio a ambos amigos.
-Muy bien -dijo al fin-. Pero si deseas tomar el lugar de tu amigo, debes estar dispuesto a aceptar su sentencia si él rompe su promesa. Si Pitias no regresa a Siracusa, morirás en su lugar.
-Él mantendrá su palabra -respondió Damón-. No tengo la menor duda de ello.
Pitias obtuvo autorización para irse por un tiempo, y Damón fue a dar a la cárcel. Al cabo de varios días, como Pitias no aparecía, Dionisio no pudo con su curiosidad y fue a la prisión para ver siDamón se errepentía del trato que había hecho.
-Tu tiempo se está acabando -se mofó el monarca de Siracusa-. Será inútil pedir piedad. Fuiste necio al confiar en la promesa de tu amigo. ¿De verás creíste que sacrificaría su vida por ti o por cualquier otro?
-Sólo ha sufrido una demora -respondió Damón sin inmutarse-. Los vientos le han impedido navegar, o tal vez ha sufrido un accidente en la carretera. Pero si es humanamente posible, él regresará a tiempo. Creo en su virtud tanto como en mi existencia.
Dionisio se asombró de la confianza del prisionero.
-Veremos -dijo, y dejó a Damón en sus celda.
Llegó el día fatal. Damón fue sacado de la prisión y conducido ante el verdugo. Dionisio lo saludó con una sonrisa socarrona.
-Parece que tu amigo no ha llegado -rió-. ¿Qué piensas ahora de él?
-Es mi amigo -respondió Damón-. Confío en él.
Y mientras hablaba, las puertas se abrieron y Pitias entró tambaleándose. Estaba pálido y magullado, y apenas podía hablar de cansancio. Se arrojó en brazos de su amigo.
-Estás a salvo, loados sean los dioses -jadeó-. Parece que los hados conspiraban contra nosotros. Mi barco naufragó en una tormenta, y luego me atacaron salteadores. Pero rehusé abandonar mis esperanzas, y logré llegar a tiempo. estoy dispuesto a cumplir mi sentencia de muerte.
Dionisio quedó atónito al oír estas palabras, y sus ojos y su corazón se abrieron. Era imposible resistir el poder de semejante constancia.
-La sentencia queda revocada -declaró-. Nunca creí que tanta fe y lealtad pudieran existir en la amistad. Me has demostrado cuán equivocado estaba, y es justo que seas recompensado con tu libertad. Pero a cambio os pediré un gran servicio.
-¿A qué te refieres? -preguntaron los amigos.
-Enseñadme a formar parte de una amistad tan noble.



  • William Butler Yeats
Aunque te encuentres en tus días radiantes,
con voces en la multitud
y amigos nuevos que te adulan,
no seas engreído ni orgulloso,
y piensa ante todo en los viejos amigos.
La cruel marea del tiempo subirá,
tu belleza perecerá y se perderá
para todos los ojos menos éstos.


  • La flecha y la canción -Henry Wadsworth Longfellow
Disparé una flecha al aire,
y no supe dónde.
Mi vista no podía
seguír su raudo vuelo.

Lancé al aire una canción,
y cayo, no supe dónde.
¿Qué vista podía seguir
una canción por los aires?

Mucho después, en un roble,
encontré una flecha intacta;
y la canción, toda entera,
en el pecho de un amigo.




Nota: Próximo post sobre las virtudes: trabajo.




Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.

4/8/09

Virtudes: responsabilidad

Responsabilidad significa capacidad de dar cuentas de nuestros actos. La conducta irresponsable es conducta inmadura. Asumir una responsabilidad es indicio de madurez.

Las personas que no han alcanzado la madurez aún no son plenamentes dueñas de sus poderes. Parte de nuestra reponsabilidad por lo que hacemos individualmente o en concierto con los demás varía con las estructuras sociales y políticas dentro de la que obramos, pero en general aumenta con la madurez.

La inmadurez también se prolonga inadvertidamente entre los adultos. Casi todos tienen excusas cuando las cosas salen mal entre los políticos, es común utilizar formas impersonales para evitar la culpa: "Se cometieron errores". Nadie se desvive por asumir la responsabilidad.

Somos responsables por la clase de persona que hemos hecho de nosotros mismos. Aristóteles señalaba, llegamos ser lo que somos como personas mediante las decisiones que tomamos.

Kierkegaard, en el siglo XIX, deploraba el efecto nocivo de las multitudes y las pandillas en nuestro sentido de responsabilidad. "Una multitud - escrito en Mi punto de vista - es de por sí inauténtica, dado que vuelve al individuo impertinente e irresponsable, o al menos reduce al mínimo su sentido de responsabilidad".

San Agustín - en Confensiones - hizo de esta disminución de la responsabilidad ante la presión de los pares un rasgo central de su meditación sobre el vandalismo de su juventud, "todo porque nos avergonzamos de abstenernos cuando otros nos incitan a participar".

Un sentido débil de la responsabilidad no debilita el hecho de la responsabilidad.

Las personas responsables son personas maduras que se hacen cargo de sí mismas y de su conducta. Son dueñas de sus actos y dan cuenta de ellos, responden por ellos.

  • ¿Quién amó más? - Joy Allison
"Madre, te amo", dijo el pequeño John.
Luego, olvidando su tarea, se caló la gorra
y fue al columpio del jardín
y dejo que ella llevara el agua y la madera.
"Te amo, madre -dijo la rosada Nell-,
más de lo que expresan las palabras".
Y pasó tan enfurruñada todo el día,
que su madre se alivió cuando salió a jugar.
"Te amo, madre -dijo la pequeña Fran-.
Hoy te ayudaré todo lo que pueda,
mucho me alegra que hoy no haya escuela".
Y meció al bebé hasta que él se quedó dormido.


Luego, con sigilo, fue a buscar la escoba,
y barrió el suelo y limpió la habitación;
atareada y feliz anduvo todo el día,
tan feliz como una niña puede estarlo.
"Te amo, madre" repitieron,
tres niños yéndose a la cama.
¿Cómo creéis que la madre supo
cuál de los tres la amaba más?



  • La espada de Damocles - texto de James Baldwin, adaptado
Erase una vez un rey llamado Dionisio, que gobernaba Siracusa, la ciudad más rica de Sicilia. Vivía en un elegante palacio donde había muchos objetos bellos y costosos, lo atendía una hueste de criados que siempre estaban prontos a obedecerle.
Naturalmente, como Dionisio tenía tanta riqueza y poder, había muchos en Siracusa que envidiaban su buena fortuna. Uno de ellos era Damocles. Era uno de los mejores amigos, y siempre le decía:

-¡Qué afortunado eres! Tienes todo lo que se puede desear. Debes de ser el hombre más feliz del mundo.

Un día Dionisio se cansó de esas palabras.

-Vamos- dijo -, ¿de verás crees que soy más feliz que los demás?

-Pues claro que sí- respondió Damocles -. Mira tus grandes tesoros, y el poder que posees. No tienes ninguna preocupación. ¿Cómo podría la vida ser mejor?

-Tal vez desees cambiar de lugar conmigo- dijo Dionisio.

-Oh, jamás soñaría con ello. Pero si pudiera gozar de tus riquezas y placeres por un día, nunca tendría mayor felicidad.

-Muy bien: Cambiemos de lugar por un sólo día, y gozarás de ellos.

Y así, al día siguiente, Damocles fue conducido al palacio , y todos los criados recibieron instrucciones de tratarlo como su amo. Lo vistieron con túnicas reales, le pusieron una corona de oro en la cabeza. Damocles se sentó una mesa en la sala de banquetes, y le sirvieron sabrosos manjares. No faltaba nada que pudiera complacerlo. había costosos vinos, bellas flores, raros perfumes y música deleitable. Se apoyó en mullidos cojines, y se consideró el hombre más feliz de la mundo.
-Ah, esto es vida- le suspiró a Dionisio, quien estaba sentado en el otro extremo de la larga mesa -. Nunca he disfrutado tanto.
Y al llevarse una taza a los labios, elevó los ojos al techo. ¿Qué era eso que colgaba allá arriba, un objeto filoso cuya punta casi le tocaba la cabeza?
Damocles se quedó tieso. La sonrisa se le borro de los labios, y su rostro se puso ceniciento. Le temblaron los labios. No quería más comida, ni bebida, ni más música. Sólo quería largarse del palacio, irse muy lejos. Pues sobre su cabeza pendía una espada, sujeta al techo por un mero pelo de caballo. La filosa hoja relucía mientras le apuntaba entre los ojos. Iba a levantarse y echar a correr, pero se contuvo, temiendo que cualquier movimiento brusco partiera esa delgada hebra e hiciera caer la espada. Se quedó petrificado en la silla.
-¿Qué sucede, amigo mío?- preguntó Dionisio -. Pareces haber perdido el apetito?
-¡Esa espada, esa espada!- susurró Damocles -. ¿No la ves?
-Claro que la veo- dijo Dionisio -. La veo todos los días. Siempre pende sobre mi cabeza, y siempre existe el peligro de que alguien corte esa delgada hebra. Tal vez uno de mis asesores envidie mi poder e intente asesinarme. O alguien pueda propagar mentiras sobre mí, para azuzar al pueblo en mi contra. Puede ocurrir que un reino vecino envíe un ejército para capturar mi trono. O puedo tomar una decisión imprudente que provoque mi caída. Si quieres ser monarca, debes estar dispuesto a aceptar estos riesgos. Forman parte del poder, como verás.
-Sí, claro que veo- dijo Damocles -. Ahora veo que estaba equivocado, y que tienes mucho en que pensar aparte de las riquezas y la fama. Por varo, ocupa tu lugar, y déjame regresar a mi casa.
Y mientras vivió, Damocles nunca más quiso cambiar de lugar con el rey, ni siquiera por un instante.




Nota: Próximo post sobre las virtudes: amistad.



Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.



24/7/09

Virtudes: compasión

Así como el coraje acepta un desafío por los demás, la compasión acepta un desafío con los demás en sus momentos de desconsuelo. La compasión es una virtud que tiene en cuenta la realidad de otras personas, su vida interior, sus emociones, así como sus circunstancias externas. Las semillas de la compasión están sembradas en nuestra naturaleza humana. De Jean-Jacques Rosseau se puede citar: "la compasión es un sentimiento natural que, al moderar el egoísmo virulento del individuo, contribuye a la preservación de la especie. Esta compasión nos insta a acudir impulsivamente en auxilio de quienes están en desgracia". La compasión procura conservar esa prematura conciencia de que todos estamos embarcados en lo mismo, de que sólo nos movemos "por la gracia de Dios". Así la compasión se aproxima al corazón mismo de la conciencia moral, pues nos permite atisbar el yo del prójimo.

  • Si logro impedir que un corazón se rompa - Emily Dickinson (1830-1886)
Si logro impedir que un corazón se rompa,
no habré vivido en vano,
si logro aplacar un dolor,
o aliviar una pena,
o ayudar a un pájaro agotado
a regresar a su nido,
no habré vivido en vano.

  • El león y el ratón - Esopo
Un día un gran león dormía al sol. Un pequeño ratón tropezó con su zarpa y lo despertó. El gran león iba a engullirlo cuando el pequeño ratón ratón gritó:
-Oh, por favor, déjame ir. Algún día puedo ayudarte.

El león rió ante la idea de que el pequeño ratón pudiera ayudarle, pero tenía buen corazón y lo dejó en libertad.

Poco después, el león quedó atrapado en una red. Tiró y rasgó con todas sus fuerzas, pero las cuerdas eran demasiado fuertes. Dio un potente rugido. El ratón le oyó y corrió hacia ese lugar.

-Tranquilo, querido león, yo te pondré en libertad. Roeré las cuerdas .

Con sus afilados dientes, el ratón cortó las cuerdas y el león se zafó de la red.

-Una vez te reíste de mí - dijo el ratón -. Creías que yo era demasiado pequeño para ayudarte. Pero, como ves, debes la vida a un pequeño y humilde ratón.




Nota: Próximo post sobre las virtudes: responsabilidad
.


Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.

21/7/09

Virtudes: autodisciplina

En la autodisciplina uno es "discípulo" de sí mismo. Es una relación extraña, paradójica y complicada. La incapacidad de dominar arrebato, apetitos, pasiones e impulsos causa mucha infelicidad y angustia.

  • La autodisciplina según Aristóteles - de la Etica nicomaquea
La virtud es pues de dos clases, intelectual y moral. La virtud intelectual nace y se desarrolla con la enseñanza, y en consecuencia necesita experiencia y tiempo. Las virtudes morales se desarrollan con el hábito. ... no las poseemos por naturaleza, ni a despecho de la naturaleza, y las desarrollamos por medio del hábito. ... adquirimos estas virtudes ejercitándolas al igual que ocurre con otras artes. Aprendemos a hacer las cosas al hacerlas: los hombres aprenden el arte de construir, por ejemplo, construyendo, y a tocar el arpa tocando el arpa. Asimismo, al realizar actos de justicia aprendemos a ser justos, al practicar la autodisciplina aprendemos a ser autodisciplinados y a realizar actos de valentía aprendemos a ser valientes...
Nuestro modo de actuar en nuestras relaciones con los demás nos vuelve valerosos o cobardes. Nuestro modo de enfrentar situaciones peligrosas, ya sea acostumbrándonos a temer o a tener aplomo, no vuelve valerosos o cobardes. Lo propio ocurre con la lujuria y la cólera; algunas personas adquieren autodisciplina y paciencia por medio de su conducta en tales situaciones, mientras que otras se vuelven descontroladas y apasionadas. En una palabra, las actividades producen disposiciones similares. ... en síntesis, los hábitos que formamos desde la infancia no son poca cosa de poca monta, sino que todo depende de ellos. La virtud moral es un punto medio entre dos vicios, uno en exceso y otro en carencia, y ... procura alcanzar le medianía tanto en los sentimientos como en los actos. Por ende, es difícil ser bueno, pues sin duda es difícil hallar el justo medio en cada caso, así como es difícil hallar el centro de un círculo. es fácil encolerizarse o dilapidar dinero, es algo que cualquiera puede hacer. Pero actuar con propiedad hacia la persona apropiada, en la proporción apropiada, en el momento apropiado, por la razón apropiada, y de la manera apropiada, eso no es fácil, y no todos pueden hacerlo. Por ende, quien busque el justo medio debe evitar ante todo aquel extremo que está más alejado del medio que otro ... pues uno de ambos extremos es siempre más errado que el otro. Y como dar exactamente con el justo medio es dificultoso, uno debe optar por el mal menor, pues escoger el menor de dos males es lo más seguro ... También debemos tener en cuenta los errores a los cuales nos inclina nuestra propensión natural. Varían en cada individuo, y descubriremos los nuestros por el placer o el dolor que nos causan. Habiendo descubierto nuestros errores, debemos obligarnos a seguir la dirección opuesta. Pues llegaremos al justo medio alejándonos de nuestros defectos, tal como si enderezáramos una madera curva. Pero en todos los casos debemos precavernos contra lo que es placentero, y contra el placer mismo, pues no somos sus jueces imparciales. Esto es manifiesto: en todas nuestras conductas, la medianía es el estado más loable. Pero en la práctica, debemos a veces apuntar hacia el exceso y a veces hacia la carencia, porque éste será el modo más fácil de alcanzar la medianía, es decir, lo correcto.

Nota: Los post sobre las virtudes continuarán hasta poder darle entidad al post primigenio, donde muestro mi fastidio (molestia) por la situación actual.

Clave: El libro de la virtudes, William J. Bennett, Javier Vergara Editor S.A., 1995.