fractal

24/8/09

Recuerdos: Hans Chistian Andersen

Cuando estaba buscando ejemplos para las diferentes virtudes me reencontré con un cuento de Hans Christian Andersen, La niña de las cerillas o La fosforerita - según las versiones -. Quizás debería, primero, aclarar que cuando era niño en mi casa había libros heredados de mis abuelos, de mis padres, revistas por doquier, publicaciones de todo tipo. Dentro de esas publicaciones, estaba la colección Fabulandia de la editorial Codex. Eran fascículos bellamente presentados, con ilustraciones de los cuentos, leyendas y fábulas en general; con hermosas guardas por todos lados, que provocaba la captura de la atención a primera vista.
La primera vez que leí el cuento tendría unos 9-10 años, me hallaba en algún rincón de la casa; pues cuando no se me encontraba, las posibilidades eran dos: estaba haciendo alguna travesura o estaba en silencio leyendo en rincones, sobre unos cajones, debajo del escritorio o mesas varias. Continuo; el cuento no sólo me atrapó, sino que al terminar de leerlo me quedo una congoja, un estrujamiento en el pecho - que a esa edad, no sabía manejar bien -. Tenía un nudo que, ahora lo pienso , si mi madre me hubiera hablado en ese instante, me hubiera largado a llorar. Viéndolo en el tiempo creo que este cuento de Hans C. Andersen es algo "duro" para un niño de 9-10 años; pero el leer libros y diversas "cosas inadecuadas" fue un sino durante toda mi niñez y adolescencia.
Aquí lo transcribo, espero que les traiga algunos recuerdos.

  • La niña de las cerillas
Hacía un frío espantoso; caía una nevisca arremolinada, y llegaba la noche, la última noche del año. En el frío y la oscuridad iba por las calles una pobre niñita, con la cabeza descubierta y los pies descalzos. Cuando salió de casa llevaba las zapatillas puestas, pero eran demasiado grandes para sus pies, zapatillas que había usado su madre y a la pobre niña se le salieron cuando corrió para eludir dos carruajes que pasaban a gran velocidad. Cuando las buscó, una se había perdido, y un niño había tomado la otra y echado a correr, diciendo que un día la usaría como cuna, cuando tuviera sus propios hijos.
Así la niña continuo la marcha con los pies descalzos, que estaban morados de frío. En su viejo delantal tenía manojos de cerillas, y llevaba un manojo en la mano. Nadie le había comprado un solo manojo en todo el día y nadie le había dado un céntimo.
¡Pobre niña! Temblando de frío y hambre andaba a rastras, viva imagen del infortunio.
Los copos de nieve caían sobre su cabello suave como lino, que le colgaba en bonitos rizos en torno de la garganta, pero ella no pensaba en su belleza ni en el frío. Había luces en todos los escaparates y un sabroso olor a ganso asado, pues era noche vieja. Y en eso pensaba la niña esta noche.
En una esquina formada por dos casas, una de las cuales se proyectaba sobre la otra, se acurrucó para protegerse del frío. Había recogido los piececitos, pero sentía cada vez más frío. No se animaba a regresar a casa, pues no había vendido cerillas y no podía llevar ni un céntimo. Su padre sin duda le daría una zurra, y además en casa también hacia frío, pues sólo los protegía el techo, y aunque habían tapado los boquetes más grandes con paja y trapos, quedaban muchos por donde soplaba el gélido viento.
Ahora tenía las manitas casi congeladas. ¡Ay! Una cerilla le haría bien si lograba sacarla del manojo, frotarla contra la pared y calentarse los dedos. Al fin extrajo una. ¡Cómo ardía y calentaba! Despedía una llama tibia y brillante, como una candela, y la niña le puso la mano encima. Era una lucecita maravillosa. La niña tenía la sensación de estar sentada ante una gran estufa de hierro con patas de bronce bruñido, con pala y pinzas de bronce. Tan invitante era la llama que la niña estiró los pies para calentárselos también. ¡Qué cómoda se sentía! Pero la llama se apagó, la estufa se disipó y sólo le quedó esa cerilla quemada en la mano.
Frotó otra cerilla contra la pared. Ardía con luz brillante, y al alumbrar la pared la volvió transparente como un velo, así que la niña pudo atisbar en la habitación. Un mantel blanco como la nieve cubría la mesa, donde había un hermoso juego de porcelana, y un ganso asado, relleno de manzanas y ciruelas, humeaba despidiendo un olor apetecible. ¡Y, más delicioso y maravilloso aún, el ganso saltó de la fuente, con el cuchillo y el tenedor en la pechuga, y echó a andar hacia la niña!
Pero entonces la cerilla se apagó, y sólo quedó esa pared gruesa y húmeda.
Entonces encendió otra cerilla. Y ahora estaba debajo de un bellísimo árbol de vidrio en la casa del rico comerciante. cientos de velas de cera ardían en las verdes ramas, y alegres estatuillas, como las que había visto en los escaparates, la miraban desde lo alto. La niña tendió las manos hacia ellas, y entonces la cerilla se apagó.
Las luces del árbol de Navidad aún se elevaban en lo alto. ahora la niña las veía como estrellas en el firmamento, y una de ellas cayó, dejando una estela de fuego.
- Ahora alguien se muere -murmuró la niña, pues su abuela, la única persona que la había amado, y que ahora estaba muerta, le había dicho que cuando cae una estrella un alma asciende a Dios.
Raspó otra cerilla contra la pared, y de nuevo hubo luz; y en el resplandor apareció ante ella la vieja y querida abuela, majestuosa y radiante, pero dulce y bonachona, y feliz como nunca se la había visto en la Tierra.
- Oh, abuela -gimió la niña-, lleváme contigo. Sé que te irás cuando la cerilla se apague. Tú también desaparecerás como la tibia estufa, el espléndido festín de año nuevo, el bello árbol de navidad. -Y temiendo que su abuela desapareciera, raspó todo el manojo de cerillas contra la pared.
Y las cerillas ardieron con luz tan brillante que hubo más resplandor que al mediodía. Su abuela nunca había lucido tan bella y majestuosa. Tomó a la niña en brazos, y ambas volaron juntas, con gloria y regocijo, subiendo cada vez más, muy por encima de la Tierra, y para ellas no había hambre ni frío ni penurias, pues estaban con Dios.
Pero en la esquina, al amanecer, estaba la pobre niña, apoyada contra la pared, con las mejillas rojas y una sonrisa en los labios, muerta de congelamiento en la última noche del año viejo. estaba rígida y helada, con un manojo de cerillas quemadas.
- Quiso entibiarse, la pobre criatura -decía la gente. Nadie imaginaba qué dulces visiones había tenido, ni cuán gloriosamente había ascendido con su abuela para entrar en las alegrías de un año nuevo.


Varios cuentos de Hans C. Andersen

21 comentarios:

Winter dijo...

Con estos cuentos lloraba desconsoladamente. Desde Platero y Yo para adelante todas eran sesiones de tortura. Por qué nos harían leer estas cosas?
Un saludo

Gabriela dijo...

yo los leia todos... y lloraba como cerda.. creo que de ahi me quedò la veta melodramática e histriònica.

en mi casa se le compraban libros a un señor que venía a venderlos con unos catálogos hermosos!

La enciclopedia Barsa, la Barsa anual, la colecciòn billiken, las Aventuras de Naricita que era una muñeca de trapo negra que tenia amigos y hacian las mil y una.. amaba esos libros...

saludos!

talita dijo...

recuerdo haberlo leido de pequeña y recuerdo haber tenido la misma sensación que ud. la tristeza misma.
salutes

GABU dijo...

No tuve el gusto de que cayera en mis manitas èste libro cuando era peque allà lejos y hace tiemmmmmpo...
Pero recuerdo que me estrujaba el alma ya de chiquitita con "El Principito" y "Juan Salvador Gaviota"... :S

"En el frío y la oscuridad iba por las calles una pobre niñita, con la cabeza descubierta y los pies descalzos...
No se animaba a regresar a casa, pues no había vendido cerillas y no podía llevar ni un céntimo. Su padre sin duda le daría una zurra...
Nadie imaginaba qué dulces visiones había tenido, ni cuán gloriosamente había ascendido con su abuela para entrar en las alegrías de un año nuevo."


P.D.:Me trajeron recuerdos variados las palabras que elegiste...
Nuestras actitudes muchas veces no son producto del pensamiento,sino que resultan de reflejos producto de nuestras emociones...


TE DEJO BESITOS EN ÈSTE LUNES RARO

berenice dijo...

querido artus
Que cuento más nostálgico.
recuerdo llorar sin parar, andersen es triste; la sirenita lo demuestra, pero el más triste de todos es este.
Besos entre lágrimas.

Irene dijo...

que bello cuento el de las cerillas y q triste!!!

Gracias Artus, un lujo leerte.

Artus dijo...

Winter
En mi caso, nadie me obligaba. Los libros estaban ahí...
Saúdos

Gabita
Eso de amar los libros,... Era así, uno amaba - siendo chico - aquello q' nos permitía ampliar nuestra imaginación y soñar.
Beso, Celia...

Artus dijo...

Talita
Esa tristeza, sería parte - quizás - de nuestro aprendizaje.
Saúdos

GABU
Lunes, raro? Vamos, q' eso de "resultan de reflejos producto de nuestras emociones...", estuvo muy bien :) Síntesis
Besos muchos; para un Lunes, inicio de nuevas emociones...

Artus dijo...

berenice
Triste, sí; pero no por ello, lo dejaríamos de lado. Los recuerdos son así, dulces, amargos, contenedores o inquietantes. Pero nuestros. Es lo q’ atesoramos.
Besos para Ud., y deme una sonrisa.

Irene
No hay por q'. Sólo remembranzas, y algunas nos hermanan.
Beso

Arha dijo...

Sr Gavilán:

conocía el cuento y me despertaba lo mismo que a usted en su primera lectura, sólo que cada vez que lo leía.

Aportó algo de claridad leer a la psicóloga junguiana C.P.Estés que hace una relectura del mismo, a mi gusto, muy adecuada y significativa...

Gracias por traerlo junto a ese sabor primirdial de la niñez



(Y que bueno que esté posteando)


Mis abrazos

Artus dijo...

Arha
Veré sí puedo encontrar a Estés.
Gracias a Ud. por pasar.
Un abrazo en Terramasr :)

Viviuska dijo...

Es un cuento muy triste, solía llorar mucho leyendo estos libros.
El primer libro que me provocó angustia al leerlo fué Mi planta de naranja lima, tendría mas o menos la edad que mencionas vos. No son libros para chicos pero nuestras almas inquietas son así.
Besos. :)

Artus dijo...

Viviuska
Es verdad, uno siempre leía lo adecuado y lo inadecuado. Cuando leí Mi planta...., ya era más grandecito - unos 13-14 años - y la sensación ya era otra...
Besos °_°

Passion dijo...

no lo conocia

conmovedor,muy

terribles sensaciones provoca un cuento cómo este!
y qué chiquito eras ...

uno se queda pensando que,hace tiempo,dejaron de ser cuentos, no?

Un placer leerte
y gracias!

Abrazo♥

Artus dijo...

Los cuentos de Andersen, siempre son conmovedores y movilizantes.

Beso y abrazo, guapa :)

Marchante dijo...

HCA... era lo que me leía mi mamá cuando era chica
Me perdí muchas horas por una ciudad buscando su tumba, la encontré en medio de la nieve con 15° bajo cero.
Lo único que tengo es una foto mental del lugar

eMe dijo...

Es llamativo porque si uno se pone a revisar los llamados "cuentos para chicos" o "literatura para chicos" (y me refiero a los clásicos), se encuentra con cosas tremendas.

Yo no recuerdo que un libro me haya puesto triste, se ve que en mi cabeza todo era más colorido. Sin embargo, con algunas películas para niñitos no solo he llorado como una marran, sino que tuve varios días problemas para dormirme!!!

Saludos!!! :)

Artus dijo...

Marchante
No deja de ser un buen recuerdo

eMe
Los cuentos clásicos para niños, eran fuertes. Ahora los han suavizados, creo. En algún sitio, leí q' el original de Caperucita Roja es más denso.
Las películas son todo un tema, dependiendo de la edad de uno, nos han dejado varios recuerdos.

Beso, bruna :)

La Oveja dijo...

a esa edad leí La Sirenita y terminé igual de estrujada que ud con la fosforerita (la culpa fue de mi padre por ceder ante mi insistente pedido para que me prestara el libro de cuentos de hadas que tenía en su biblioteca)

Artus dijo...

Oveja
Ud, también! Qué insistente! :)
Recuerdo a la Sirenita - al igual q' berenice - y como mucho de los cuentos de HCA tiene un sesgo extremadmente triste. Recuerdo al Soldadito de Plomo, Pulgarcita y otros.

Saúdos y espero q' disfrute de su batidora Kenwood :)

Vir dijo...

las tengo, esas y la colección mitos y leyendas. muy gastadas pero están y las siento únicas en su tipo.
én la edición que tengo se llama la vendedora de cerillas.
hay historias inolvidables.
aunque a veces acongojen son bellísimas

beso